Las Ventas – Festejo número 50 de la Temporada
VENEGAS SE CIERRA CON LA ESPADA LA PUERTA GRANDE
Por Juan Miguel Núñez Batlles
La suavidad, el temple, la hondura y la fina compostura, genuina materia prima del buen toreo.
Tal fue la expresión de José Carlos Venegas en los dos toros que despachó este domingo en Las Ventas, en corrida planteada como desafío ganadero; en la que sorteó un lote muy propicio, no obstante, con la poca fortuna de atascarse con los aceros después de haber rozado la gloria de una Puerta Grande que finalmente le cerró la llamada suerte suprema.
Y qué desventura. Malísima suerte la de Venegas, que podía y debía haber encontrado definitivamente un feliz destino en su carrera.
Si como se suele afirmar, el mejor torero, el más valiente y más artista, es el que se queda muy quieto y torea exquisitamente despacio, de «esto» de Venegas se desprende la más clara explicación de una fantástica dualidad en sugerente juego de palabras que se ensalzan mutuamente: el arte del valor, y viceversa, el valor del arte.
Pues qué prueba de arte y qué testimonio de valor en cada muletazo de Venegas, al natural de una manera soberbia en el tercero de la tarde, un sobrero de «El Montecillo», que embistió también con una calidad extrema, todo hay que decirlo. Y aquí una interrogante, ¿fue mérito del animal acoplarse a la velocidad, compás y cadencia que marcaba el hombre, o estaba predestinado que ese ritmo tan soberbio que traía el toro tenía que caer en las manos de Venegas, dueño de talento e inspiración?
Mas hay que dejarse de líricas y poemas, porque la realidad final no pudo ser más triste y calamitosa. Venegas dió dos pinchazos antes de agarrar una estocada trasera para acabar tirando todo por la borda. Qué bien toreó y qué mal mató.
Y como si no fuera suficiente tan tremenda decepción, volvió a darse una situación parecida en el sexto, toro ahora de Juan Luis Fraile, de tanta calidad que el otro por ritmo y clase en la embestida. Faena cumbre de nuevo de Venegas sobre los parámetros ya descritos, incluso superándose si cabe. Pero no es posible contar otro fracaso con la espada. Qué Puerta Grande se perdió.
Fotos: Guillermo Abanades Marín
JABATO PEREZ MOTA
Y lo demás en la tarde también fue muy notorio, haciendo hincapié desde luego en el variado y emocionante juego del ganado, así como la actitud y aptitud de los otros dos alternantes.
Pérez Mota, con el lote menos favorecido, estuvo hecho lo que se dice un jabato. Firme y con mucho asiento, dispuesto hasta más allá de la lógica. Su entrega fue absoluta. En el primero cuajó unos naturales de categoría. Y en el cuarto estuvo a punto de un serio percance al sufrir una espeluznante voltereta. Un pasaje de mucha angustia por el tiempo que estuvo colgado en los pitones del astado de Fraile. Por fortuna, y cuando se presentía lo peor, todo quedó en el tremendo susto.
Fotos: Guillermo Abanades Marín
LAMELAS, LA UNICA ESTOCADA EN LA TARDE
Hay que hacer notar que el fallo con los aceros fue otra constante en la tarde. Y a propósito, Alberto Lamelas, el único que llegó a poner buena rúbrica con la espada, en el quinto, toro bravo y con «carbón».
Muy valiente en el complicado y difícil segundo, de Fraile.
Y como quiera que el quinto, de Valdellán, prestó mucha emoción al mismo compás de la entrega y el sentimiento del hombre, la faena resultó muy emotiva. Unos muletazos limpios, de trazo largo y buen remate, aunque con ña limitación de ir a menos. La estocada, queda dicho, hizo que afloraran los únicos pañuelos en la tarde, quizás insuficientes para la concesión de la oreja. No obstante, muy merecida la vuelta al ruedo final.
Fotos: Guillermo Abanades Marín
Tres toros de Valdellán (1°, 3° y 5°) y tres de Juan Luis Fraile (2°, 4° y 6°) en desafío ganadero. El tercero, devuelto y sustituido por un sobrero de «El Montecillo».
Conjunto de corrida de mucha seriedad y notable variedad en el juego. Tercero, quinto y sexto con muchas facilidades para hacer el toreo.
Pérez Mota: pinchazo y estocada (ovación); y dos pinchazos y estocada quedándose en la cara (ovación).
Alberto Lamelas: pinchazo, casi media y cuatro descabellos (ovación tras aviso); y estocada (vuelta tras petición en el límite).
José Carlos Venegas: tres pinchazos y estocada (ovación tras dos avisos); y tres pinchazos (ovación tras aviso).
En cuadrillas, Iván García saludó tras banderillear al quinto.
La plaza registró un cuarto de entrada en tarde de calor, más aliviado en la segunda parte del festejo.
