Las Ventas – Festejo número 51 de la Temporada
DAMIÁN CASTAÑO, HÉROE FRENTE A LA MANSEDUMBRE
Por Juan Miguel Núñez Batlles
Un desafío ganadero, el segundo este mes de septiembre, una modalidad de corrida que nadie entiende su porqué, razón o motivo cuando no hay premios o reconocimientos en liza. Los más sabuesos, que en el toreo los hay a montones y «doctorados» en materia de investigar y sentenciar con implacables juicios, no dudan en opinar que se trata de una enmascarada limpieza de corrales.
Ovaciones a la salida al ruedo de casi todos los toros, a excepción de un canijo e inmundo sobrero que saltó en cuarto lugar; éste naturalmente abroncado. Era un tercer sustituto. Y a propósito, antes de entrar en el análisis de lo que dió de sí la tarde, una pregunta acusatoria: ¿qué hacía en la despensa de Las Ventas un toro de estas trazas, destinado acaso para algún torero sin nombre, de poco crédito artístico para la empresa que está obligada por el pliego de explotación a dar en verano festejos que resultan deficitarios, una manera de reducir costes?
Hecha la salvedad en cuanto a notable presencia, lo peor de todo es que fue un conjunto manso y deslucido en extremo, aunque también hay que excluir de esta descalificación al bravo y noble quinto a pesar de terminar yendo a menos en la muleta.
En tan complicada coyuntura aparecen anunciados toreros a la desesperada, los modestos que sueñan con «la oportunidad» que podría significar la plaza de Madrid para relanzar sus carreras y así abandonar algún día el estatus de desheredados de la fortuna, porque torean poco o están condenados a caminar por la senda de la inflexible y ruda dureza.
Madrid, su plaza monumental de Las Ventas, conviene tener presente, es la exigencia máxima de un público que pasa por ser el más entendido del mundo. Y por eso un triunfo aquí significa a veces la triunfal salida que se persigue.
En esta ocasión ha podido y ha debido tocarle a Damián Castaño, pequeño (de estatura) y de gran corazón torero. Pero ha sido su desdicha la falta de criterio y sensibilidad del presidente de la corrida, un desalmado y pésimo aficionado que le ha negado un trofeo ganado en buena lid en el primero de su lote. Y también su reiterado y garrafal fallo a espadas en el otro. Castaño ha merecido salir a hombros por la Puerta Grande, empero las circunstancias le han sido sumamente desfavorables.
¡FUERA DEL «PALCO» LA POLICÍA SIN CRITERIO NI SENSIBILIDAD!
El gran acontecimiento de la tarde fue en ese segundo toro, que tomaba los engaños muy a regañadientes. Protagonista, por tanto, el señalado Castaño.
Un sobrero de Veiga Texeira (conviene releer la Ficha del Festejo para situar a cada animal en su orden de lidia y condición propia). Toro que se negó todo el tiempo a ir al caballo, e igualmente trajo de cabeza en banderillas a la cuadrilla de Castaño. Aunque poco le importó al torero de Salamanca, muy crecido y capaz desde el primer momento en una lidia de mucho arrojo, mando, poder y torería. Muy por encima del toro. Aquí querer fue autoridad y control de la situación en todo momento. Toro tumbado también al primer intento con la espada ¿En qué estaría pensando el presidente, y con qué criterio, para denegar a Castaño la oreja pedida por mayoría? Injusticia y atraco al modesto, algo lamentablemente muy propio del policía de turno metido a juez, que por defecto termina siendo excesívamente benevolo e indulgente con las figuras. ¡Fuera del «palco» gente así!
Y para rematar Castaño su infortunio en la tarde, su mala espada en el quinto, al que volvió a torear con tanta maestría, y esta vez con una gracia y despaciosidad especial. Garbo en la diminuta figura del salmantino frente al imponente toraco portugués, al que enjaretó primorosos lances en el saludo capotero. Y unos naturales de suma grandeza, como aquellos que había instrumentado al toro anterior. Dicho queda que aquí fue la maldición de su propia espada la que frenó el triunfo. Qué bien toreó Castaño, y qué mala suerte tuvo para los reconocimientos.
Fotos: Guillermo Abanades Marín
EL MEXICANO RIVERA CON LA ILUSIÓN ROTA
Poco pudo hacer Fermín Rivera con un lote que no se prestó lo más mínimo.
Veinte años esperando la confirmación de alternativa en Madrid con las credenciales de torero de dinastía -su abuelo, también Fermín Rivera, torero y ganadero, y su tío Curro Rivera, que en España hizo temporadas con relevante distinción en la década de «los setenta»-, no ha sido ésta ocasión propicia para reivindicar los logros familiares. Se marcha a su país con la ilusión rota por las nulas posibilidades del ganado que ha tenido en desgracia.
Fotos: Guillermo Abanades Marín
FRUSTRADA DISPOSICIÓN DE GÓMEZ DEL PILAR
Muy dispuesto Gómez del Pilar en toda la tarde, sin embargo, tampoco llegó a nada por culpa del ganado. Aún así merece destacarse su toreo por naturales en el tercero del festejo, primero de los suyos. Unos pases de cierta enjundia a pesar de la escasa ligazón por la renuncia constante del manso.
Y ya en el sexto, animal descastado al máximo, las posibilidades fueron aún menores.
Fotos: Guillermo Abanades Marín
En los otros tres, galimatías de sobreros al ser devueltos segundo y cuarto, ambos de Veiga Texeira; el primer sobrero, de este mismo hierro, manso redomado; el segundo sobrero de Paloma Sánchez Rico, devuelto también; el tercer sobrero, de San Martín, una birria de toro, de escasa presencia y descastadísimo; el sexto, de Vega Texeira, titular previsto, bien presentado pero tan manso como sus hermanos.
El mexicano Fermín Rivera: estocada tendida y trasera, y siete descabellos (silencio tras aviso); y media estocada trasera (silencio).
Damián Castaño: estocada ligeramente desprendida (aclamada vuelta tras fuerte petición de oreja); y cuatro pinchazos y cinco descabellos (ovación).
Gómez del Pilar: pinchazo y estocada (silencio); y media estocada y siete descabellos (silencio tras dos avisos).
Al final del paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria de Luis Álvarez, polifacético taurino de brillante trayectoria como novillero, publicista, empresario y apoderado.
La plaza registró un cuarto de entrada en tarde agradable.
