Las Ventas – Festejo número 52 de la Temporada
SE VEÍA VENIR Y SE LO MERECÍA: IMPORTANTE TRIUNFO DE VENEGAS CONTRA LOS ELEMENTOS
Por Juan Miguel Núñez Batlles
Ha sido la última corrida dura de la temporada, antes de que dé comienzo, la próxima semana, la Feria de Otoño que cerrará el año taurino natural.
Las figuras, y otros toreros «comercialmente» muy considerados por las empresas aunque estén toreando poco, vendrán otra vez a Madrid para vérselas con distinto tipo de ganado, sin duda más asequible y propicio para hacer el toreo del que se ha lidiado este verano en Las Ventas, este domingo también. Y posiblemente a los que vienen les costará menos triunfar. No obstante, esta última apreciación no pretende quitar méritos a nadie. El reconocimiento a los de arriba siempre es por alguna razón que lo justifica.
Se dice que el toro pone a cada torero en su sitio, y hasta cierto punto hay que dar por buena esta popular expresión. Aunque, volvemos al principio, hay toros y toros; y sobrarían explicaciones si no fuera porque el misterio de la bravura o, en el otro extremo, la mansedumbre, resulta muchas veces algo indescifrable hasta para los propios ganaderos que manejan para su selección una muy particular alquimia. Lo cierto es que, estadística en mano, el torero consolidado suele gozar de más oportunidades de toros buenos, mientras el modesto generalmente está obligado a vérselas con animales de ganaderías y reatas de sálvese quien pueda.
Hay que contar estas cosas para que el lector valore muy mucho el triunfo este domingo de José Carlos Venegas en Madrid. Esto de Venegas se veía venir, y Venegas se lo merecía. Ahora le espera el próximo San Isidro donde debe estar anunciado con toda justicia.
Torero de abajo. Y todavía más, según una expresión en la jerga que, sin querer ser despectiva, contextualiza con enorme crudeza las circunstancias de su carrera: torero que viene del barro.
Su lucha desde hace dieciséis años que tomó la alternativa es un ejemplo de tesón y valor, también honradez, sobre todo para reivindicarse en el estilo más puro y sincero que encierra el clasicismo.
A Venegas no se le ve una arrucina ni pases cambiados por detrás, ni arrimones «escondido» detrás de las orejas del toro. Ni falta que hace. El maestro «Antoñete» despreciaba estos hábiles e ingeniosos procedimientos llamándoles «morisquetas». El contenido del toreo de Venegas es el cite con el pecho por delante, sujetando la muleta por el centro del estaquillador, «toque» al pitón contrario y pasmosa quietud mientras se va trayendo al astado desde allá y hasta acá, en línea circular y cada vez más cerrada.
Hay que verlo para entender tanta emoción y plasticidad, aún mayor por la lentitud del movimiento de muñeca del hombre hasta el embroque, cuando el toro ya está dentro de la jurisdicción del torero. Y la forma de vaciar las embestidas, sacando la muleta por debajo de la pala del pitón. Así una, dos… y hasta cuatro o cinco veces, por la derecha, con el oportuno remate del de pecho echándose lo que se dice todo el toro por delante. Asimismo al natural, aunque, hay que insistir, los derechazos fueron de usía.
Pues, bien, de esta forma cuajó Venegas al toro primero de la tarde, un «saltillo» al que saludó con cinco templados y majestuosos lances y al que despachó con una soberbia estocada en todo lo alto.
No ha habido una oreja más justa y merecida en Madrid esta temporada.
Y no hubo más de Venegas en su siguiente toro, el cuarto, del Conde de la Corte, sencillamente porque el animal no se prestó a nada. Un manso redomado.
LA CORRIDA «CONCURSO DE MANSOS»
Por cierto que, se anunciaba el festejo como «Corrida Concurso».
¿Broma o excentricidad?
O habría que considerarla como tal, de concurso; pero de mansos.
Una mansedumbre que puso la tarde más cuesta arriba por las exigencias, más bien intransigencias, de los eternos protestones. Son los «enterados» más que entendidos, con nombre propio por el tendido en el que se sientan en la plaza, y que tratan de imponer su criterio, muchas veces equivocado, frente al raciocinio del resto de la plaza.
Aquel primero de Saltillo al que cortó la oreja Venegas, manso sin paliativos, declaró sus intenciones en los dos primeros encuentros con el caballo, yéndose suelto.
Con la muleta, queda dicho, anduvo Venegas muy capaz, mandón y resuelto, haciendo todo a favor del toro. Y con gusto, garbo y suma torería.
El cuarto, de Conde de la Corte, salió frenándose y echando las manos por delante en el capote de Venegas. Cumplió el astado en tres encuentros con el caballo, aunque yéndose suelto en los tres a las primeras de cambio. Y tal fue la tónica de su juego en la muleta, buscando continuamente las tablas.
Fotos: Alfredo Arévalo
TESONERO FONSECA
El de Partido de Resina (antiguo Pablo Romero) que hizo segundo, toro canijo, sin embargo, sin una protesta en contra. Lo que son los gustos y preferencias de «cierta sabia afición». El mexicano Fonseca lo recogió con el capote sin lucimiento por el mal estilo del astado, echando las manos por delante. Un puyazo trasero; segundo, rectificado; y un tercero sin emplearse. Toro parado y con mal estilo en la muleta. Le hizo pasar Fonseca a medias, sin conseguir un muletazo completo. Trazos cortos y deshilvanados.
En el quinto, de Pallarés, sonaron fuerte las palmas por un buen primer puyazo de Borja Lorente, quien, no obstante, marró en el siguiente, y cerró el tercio agarrándose nuevamente con firmeza y maestría. Faena de Fonseca tesonera y con pasajes de mucho mérito por el aguante y la seguridad para instrumentar pases por uno y otro pitón. Lástima la espada, que no entró adecuadamente hasta el tercer viaje.
Fotos: Alfredo Arévalo
CHICHARRO, EL PEOR LOTE
El primero de Chicharro, de Castillejo de Huebra, tercero de la tarde, otro manso, no quería caballo ni en pintura; y sin voluntad de embestir en la muleta. El toro no tenía ninguna importancia, y tampoco se la dio Fonseca. Un trasteo aparente o menos, con fondo de algunas protestas.
El sexto, de Valdellán, otro manso; escarbando y coceando en las salidas del caballo. No dio ninguna facilidad en la muleta, por lo que Chicharro se limitó a salir del paso con un breve e insustancial trasteo.
Pinchazo y estocada, y una vez el toro en la arena, dos sustos tremendos al puntillero al arrancarse por sorpresa y con mucha violencia.
Las cosas de los mansos, a traición.
Fotos: Alfredo Arévalo
José Carlos Venegas: estocada fulminante (una oreja); y estocada (silencio).
El mexicano Isaac Fonseca: estocada perdiendo la muleta (silencio tras aviso); y pinchazo, metisaca y estocada (ovación).
Alejandro Chicharro: pinchazo y estocada casi entera (silencio); y pinchazo y estocada (silencio).
En cuadrillas, Raúl Cebadera saludó tras un buen par al cuarto.
Y a caballo destacó Borja Lorente en el quinto.
La plaza registró algo más de un tercio en tarde entre veraniega y otoñal.
CODA.- Al finalizar la función se anunció por megafonía el fallo del jurado en los siguientes apartados:
Mejor picador, Borja Lorente.
Mejor brega, Raúl Ruiz.
Mejor toro, «Imaginario», de Pallarés.
