Sanfermines – 6ª Corrida

LA EXCEPCIÓN DE UN BRAVO

Por Juan Miguel Núñez Batlles

Ninguna fuerza ni poder en los toros de La Palmosilla, también de presencia muy discreta con la salvedad del cornalón quinto, precisamente el único de bravo comportamiento. Estos no son los toros de Pamplona, y en consecuencia no se dio la clásica corrida sanferminera.

Toros que se movían con escaso aliento, eso no es nobleza. Toros sin ningún motor, bobalicones, que, exceptuando los dos últimos, no sabían para qué tenían los pitones. Y la excepción del quinto, bravo y con clase, al que Fernando Adrián cortaría una oreja pese a su deficiente espada.

LA INVALIDEZ NO ES TEMPLE

El primero, adelanto de lo que iba a venir, sin ninguna fuerza; defecto que podría confundir al personal al interpretarse erróneamente como cualidad de temple. Saludo de Fortes con un farol de rodillas frente a chiqueros, y un volatín que merma aún más el poco empuje del toro, al que apenas se le picó.

La invalidez no es temple, hay que dejarlo claro. Ninguna fiereza para seguir el engaño. Toro sin opciones de faena a pesar de la insistencia de Fortes, que tampoco estuvo bien con la espada.

En el cuarto, todo a media altura y mimo. El de La Palmosilla no estaba para «ruidos», entiéndase exigencias. Fortes, con mucho talento, hizo las apariencias posibles.

Foto: Emilio Méndez

ADRIÁN, OREJA POR CLASICISMO Y SERIEDAD, PERO CON MALA ESPADA

Segundo toro, al que tampoco le sobraban las fuerzas. Fernando Adrián lo recibió en el tercio con una larga cambiada, y enseguida aparecieron los síntomas de la invalidez, agravados otra vez por un desdichado volatín. Simulacro de faena a un toro que se movió algo, pero no lo suficiente, sin opciones. La nada. El público de sol, desentendido; y el de sombra, con su acostumbrada pasividad. En ese ambiente salió Adrián a saludar, más bien a provocar, una ovación que no venía a cuento. Una de las excentricidades posibles en Pamplona.

El quinto, más corpulento y aparatoso, no parecía que estuviera sobrado de fuerzas, y aun con comportamiento de bravo apenas se le picó. Sin embargo, fue un toro a más en la muleta, yendo largo y por abajo por uno y otro pitón. Adrián lo toreó con notable suficiencia, clasicismo y seriedad, sin más concesiones que unas bernadinas finales. Lástima la espada, que hizo guardia en el primer envite. Y aquí otra sorpresa: oreja que no venía a cuento por la muy defectuosa primera estocada.

Fotos: Emilio Méndez

NAVALÓN, SALUDOS POR SU CUENTA

Samuel Navalón, nuevo en esta plaza, cargó con un primero en la línea de sus hermanos: noblón y sin empuje, con el que, más allá de unos apuntes al natural de notable poso, todo fueron simples apariencias. Una babosa con la que no cabía intensidad ni exigencias. Aunque, igual que había ocurrido en el primer turno de Adrián, tras el arrastre se marcó un saludo por su cuenta.

A chiqueros se fue también Navalón para recibir al sexto. Otro astado que apuntó posibilidades en los dos primeros tercios. Bueno por la derecha, pero yendo a menos. La faena, o una secuencia de la misma por ese pitón bueno, tuvo importancia. No obstante, sin llegar a rematar conforme el animal se venía también abajo.

Fotos: Emilio Méndez

FICHA DEL FESTEJO.-

Toros de La Palmosilla, de desigual presencia; con movilidad pero poco recorrido, sin transmisión. El quinto, y en parte el sexto, fueron las excepciones de un conjunto desilusionante y de pocas opciones.

Fortes: estocada tendida y atravesada, pinchazo y media trasera (silencio); y estocada y descabello (ovación tras aviso).

Fernando Adrián: pinchazo y estocada (ovación); y estocada que «hace guardia» y estocada (oreja).

Samuel Navalón: pinchazo y estocada contraria con derrame (ovación); y estocada y dos descabellos (ovación).

La plaza registró el habitual lleno de «no hay billetes» en tarde de calor tolerable, con rachas de viento que a ratos molestaron en el ruedo.