Sanfermines – 7ª Corrida
OREJAS COMO SONAJEROS EN UNA DESCAFEINADA DE MIURA
Por Juan Miguel Núñez Batlles
No fue la típica de Miura de peligro y lidias imposibles. Más bien hubo hartazgo de mansedumbre y, en consecuencia, insufrible aburrimiento.
Y no hay que echar cuentas a las orejas que se llevaron Escribano y Colombo, una cada uno, frutos del bullicio y desordenado ambiente sanferminero en el que todo se celebra y se premia por el solo hecho de acertar con la espada a la primera.
Para situar ambos «triunfos» en contexto, hay que precisar: orejas como sonajeros.
OREJA BARATA A ESCRIBANO
Recibió Escribano al primero con larga cambiada frente a chiqueros, para lancear a continuación con soltura. Dos entradas al caballo yéndose suelto en ambas. Vistoso tercio de banderillas alternando al alimón con Colombo, especialista como él en esta modalidad. Y distancia para catar la embestida del animal con la muleta.
No obstante, respondió el toro cabeceando y quedándose corto por el derecho, y parado, pensándoselo mucho al natural. Escribano cambió de mano con frecuencia, empero las opciones fueron prácticamente nulas. No hubo más que un desplante y entrarle a matar después de unas manoletinas de escaso fuste.
Así y todo, el «milagro» de la espada, remedio en Sanfermines para faenas como ésta, puso final feliz. Una oreja, barata por supuesto.
Otra vez a porta gayola en el cuarto, resolvió Escribano el lance con facilidad. Pasó el «miura» por el caballo sin apretar. Y con las banderillas ahora en solitario, cuatro pares clavando en todas las versiones y dejándolas por todo el toro, igual en el brazuelo que arriba, adelante que atrás, pares lo mismo malos que buenos.
En el bullicio del todo vale, la faena de muleta sin argumento ni poso. Pases y pases, a cual más insulso y superficial. Desbarajuste de faena, si tal se le puede llamar a tanta pantomima.
Aviso cuando aún no había tomado la espada. Y aunque bastó la media estocada a la primera, el factor «merienda», con el personal aplicado al bocadillo, impidió la acostumbrada marea de pañuelos que suele darse en situaciones así. Menos mal, pues la oreja para salir a hombros hubiera sido el colmo para abundar en el desprestigio de esta plaza.
Foto: Emilio Méndez
MORAL NO DA LA TALLA
Nada de relieve con el capote en el segundo, que cumplió en varas sin más. Toro que «esperó», cortando en banderillas, haciendo difícil que le dejaran los cuatro «palos» reglamentarios.
Repuso en la muleta, con la que Pepe Moral no terminó de centrarse. Medios, espaciados y despegados pases en un breve trasteo que tuvo rápido final con los aceros.
El quinto peleó con mal estilo en el caballo. Muy castigado. Transcurrió la faena de muleta en una desigual pelea por la bronquedad del astado, que no se dejó lo más mínimo, gazapeando, siempre al acecho.
Tampoco Moral supo darle el oportuno castigo para doblegarle y hacerse con él.
Fotos: Emilio Méndez
LA DESFASADA HETERODOXIA DE COLOMBO
Sacó Colombo un ilustrado capote con la expresiva inscripción de «Fuerza Venezuela» en solidaridad con su maltrecho país natal. Lanceó sin apreturas. Tercio de varas de trámite. Y otra vez mano a mano en banderillas, ahora sin tanto acierto ni lucimiento.
Ya en la muleta se dio Colombo a los fuegos de artificio, la heterodoxia desde el principio, ajeno por completo a lo fundamental y clásico. Todo embarullado, igual de rodillas que de pie, sin reposo ni limpieza. Aviso antes de entrar a matar. Pero otra vez la espada, que entró a la primera, comportó una oreja. Trofeo del mismo valor que la de Escribano, es decir, ninguno.
Ya en el sexto quiso Colombo rizar el rizo intentando lancear sentado en el estribo, suerte sin consumar por la nula atención del «miura», que igualmente pasó por el caballo sin emplearse.
Airoso quite por zapopinas, y más aire con las banderillas, tres pares: uno de poder a poder (a toro pasado), otro al cuarteo y el de cierre al violín. Lo bueno de Colombo en el segundo tercio es que encuentra toro en todos los terrenos.
Muleta en mano abrió sentado en el estribo, más «fuego». Y a derechas, despegado y a velocidad supersónica, se salva algún natural… mientras la plaza, ajena al ruedo, hacía «la ola» en el más absoluto desprecio al torero y al toreo.
Se pasó de faena, tanto que el toro descolgó más de la cuenta antes de perfilarse el hombre con la espada, haciendo difícil, muy difícil, entrarle a matar.
Tanta heterodoxia, ya muy desfasada, no está ni para plazas menores. Así que, ningún caso.
Fotos: Emilio Méndez
FICHA DEL FESTEJO.-
Toros de Miura, los seis por encima de los seiscientos kilos; altos, largos y ofensivos; sin embargo, sin la característica aspereza de esta divisa. Toros de escaso poder, más bien noblones, sin más extraños e inconvenientes que los derivados de su propia mansedumbre.
Manuel Escribano: estocada (oreja); y media tendida y trasera (aviso y vuelta tras petición minoritaria).
Pepe Moral: media estocada atravesada y descabello (silencio); y pinchazo, metisaca en «los blandos», estocada y tres descabellos (silencio tras aviso).
Jesús Enrique Colombo: estocada (oreja tras aviso); y media estocada tendida y descabello (silencio tras aviso).
La plaza registró el «no hay billetes» de cada día en tarde, otra más, de fuerte calor.
