Las Ventas – Festejo n° 36 de la Temporada
LA COBA QUE CONFUNDE A LOS TOREROS
Por Juan Miguel Núñez
No es bueno dar coba a los toreros.
En un ejercicio de tanto riesgo como el toreo, conviene hablar claro y dejarse de halagos que pueden confundir a quien los recibe, con el consiguiente peligro que acarrea el desconocimiento de las reglas lógicas para estar frente al toro.
Se ha podido ver este sábado en la Plaza de Las Ventas, en Madrid, donde el entorno de diestro Cristian Pérez, algunos profesionales y otros, amigos y seguidores, le traían loco jaleándole todas las intervenciones como si éstas fueran revelaciones de la divinidad; cuando era todo lo contrario.
Pérez venía de una muy grave cornada que había sufrido en esta misma plaza hace casi tres meses, y, la verdad, no parecía estar totalmente recuperado. Le fallaba el ánimo, y tampoco andaba sobrado de facultades para sentirse seguro en la cara del toro.
Aunque por otro lado no faltaban los vítores en forma de olés de la gente que había ido a la plaza por él, exclusivamente sus seguidores, público de su pueblo y alrededores, perfectamente localizados en el tendido.
Se les suele llamar «los del autobús» en clara referencia al transporte que los trae a Madrid. Los cuarenta o cincuenta que caben en el vehículo y generalmente se sientan juntos en el mismo tendido, solo tienen ojos, voces y pañuelos para «su» torero.
Eso a veces quita valor a la esencia, rigor y prestigio de la plaza. No obstante, al tenerlos más o menos localizados, tampoco ejercen mucha influencia cuando agitan sus pañuelos preparados de antemano para las ruidosas peticiones de oreja que hacen.
Suelen estar «ahí» y, como se les identifica fácilmente, no hay problema con sus manifestaciones. El contratiempo se da si no es sólo un autobús sino tres, como esta vez fue el caso.
LOS AUTOBUSES DE PÉREZ
Tres «autobuses» movilizados y estratégicamente repartidos por toda la plaza, como si entre sus viajeros no se conocieran ni se hubieran puesto de acuerdo en la aprobación, más bien exaltación, del toreo de Pérez.
Muchos pañuelos en «el 7»; sí, en «el 7», el tendido crítico y muy entendido de la Plaza, que una vez acabado «San Isidro» muchos de sus ocupantes habituales se toman vacaciones, y ya no hay guarda en el melonar.
Pañuelos en otro lugar de «la sombra» y más allá, en «sol y sombra» pañuelos también. En fin, parece una petición si no mayoritaria bastante homogénea y numerosa.
Y como en «el Palco» se sienta un policía que sabe de toros menos que lo justo, pues oreja al canto.
Así fue la concesión del trofeo a Pérez en el segundo de la tarde.
La faena, muy despegada y acelerada, no tuvo más emoción que el brindis al doctor Máximo García Leirado, que fue quien le salvó la vida en aquel difícil trance de finales de marzo, cuando la cornada.
Empero, es justo, muy justo reconocer que la estocada fue algo sobresaliente, en todo lo alto y de efecto fulminante. Quizás ahí puede estar la justificación del trofeo.
Pero ya en el quinto, toro bravo en el caballo y que fue bueno para la muleta, se sintió incapaz de redondear cuando seguía contando con un ambiente tan a favor.
Otra vez la falta de quietud, el paso atrás y los medios pases. Unos adornos de artificio y simulación. Y mal con los aceros.
Pues todavía asomaron pañuelos ¿para premiar qué? Desde luego, ver para creer.
Foto: Iván Abanades Medina
EL MEXICANO SÁNCHEZ, ESTILO DEPURADO
Toreo bueno el del mexicano Juan Pablo Sánchez al primero de la tarde. Buen pitón derecho del astado portugués de Couto de Fornilhos.
Y excelentes maneras del mexicano. Temple, ajuste y donosura por ese lado. Un estilo muy depurado con el magnífico complemento de la quietud.
Cuentan de Juan Pablo Sánchez que en sus comienzos estuvo protegido por la influyente casa Lozano, aunque, algo que no se entiende, pronto rompieron relaciones.
Como no se alcanza a comprender tampoco el silencio injusto y equivocado al final de esta primera faena.
El cuarto fue manso sin paliativos, y aunque dejó apuntes de calidad en el capote por el pitón izquierdo, pronto se vino abajo.
Foto: Iván Abanades Medina
PEÑARANDA, LIGAZÓN Y PARSIMONIA
Y Alejandro Peñaranda, otro torero que hizo cosas muy sobresalientes.
Aunque nada lograría en el manso y flojo tercero, en el sexto la lió gorda.
Toro que acudió a los engaños humillado y con ritmo en las embestidas.
La faena, muy bien estructurada, con series por uno y otro pitón gastándose mucho, con ligazón y exquisita parsimonia.
Una pena el fallo con los aceros.
Torero que, como el mexicano, debe volver pronto a Madrid.
Foto: Iván Abanades Medina
Cuatro toros de Valdefresno, bien presentados y de juego desigual. Dos y dos. Segundo y quinto, buenos. Y dos —primero y sexto— de Couto de Fornilhos, buenos también.
Juan Pablo Sánchez: media atravesada (silencio); y pinchazo hondo y descabello (silencio).
Cristian Pérez: buena estocada (oreja); y dos pinchazos y estocada caída (vuelta tras aviso).
Alejandro Peñaranda: media estocada tendida (silencio); y pinchazo, estocada y cinco descabellos (palmas tras aviso).
La plaza registró menos de un cuarto de entrada en tarde de brisa caliente.
