Las Ventas – Festejo n° 39 de la Temporada (Novillada)

EL MENE SE HACE GRANDE EN MADRID

Por Juan Miguel Núñez Batlles

Para saber cómo fue la novillada de este jueves-noche en Las Ventas hay que ir a la Ficha que cierra este comentario y análisis, en la que se advierte del pésimo juego del ganado. Porque si para que resplandezca el toreo es fundamental la disposición y capacidad del hombre, el torero, no es menos cierto que también es muy necesario que colaboren los astados, al menos con un mínimo comportamiento de movilidad y bravura.

Mas ni mucho menos se dio este último caso en el festejo que nos ocupa. Los novillos de Los Chospes, sin fondo alguno, arrastraron la tarde al fracaso. Y de ahí el mérito que hay que darle al novillero aragonés «El Mene», triunfador con corte de una oreja en las circunstancias más adversas.

Todos los elogios para El Mene, sin temor a exagerar, condensados en un enunciado que puede sonar a consigna publicitaria, sin embargo, pura realidad: El Mene se ha hecho grande en Madrid.

Expresión en la que hay que adivinar un futuro definitivamente esplendoroso a su carrera, cuando ya despuntó en plazas tan importantes como Valencia y esta misma de Las Ventas; aunque aquí y en las sucesivas repeticiones que ha tenido (la temporada pasada llegó a torear en la monumental madrileña hasta cuatro tardes) le pasaron factura los errores de los malos consejeros que ha tenido.

En mente está una muy polémica vuelta al ruedo que se marcó por su cuenta alentado por familiares directos, apoderado y cuadrilla, con toda la plaza en contra. Una equivocación que ha pagado cara incluso pese a haber triunfado en ciclos de novilladas de tanto peso como los de Villaseca de la Sagra, Algemesí, Calasparra, Arganda del Rey, y el Circuito de Castilla y León, entre otros.

¿Qué pasó entonces para que de pronto su nombre pasara al más injusto ostracismo?

Esta última oreja en Madrid, con tantas dificultades que ha tenido en el ruedo, viene a hacer justicia; pues no se puede perder así por las buenas —las malas, sería lo más acertado decir— una carrera tan prometedora, de formas y fórmulas que apuntan muy alto de cara al futuro.

Queda dicho lo del ganado inservible. Una tarde condenada a la decepción y el descalabro por los novillos de Los Chospes.

MÁS QUE UNA PROMESA, FELIZ REALIDAD

Pero pese a todo brilló la capacidad del toreo recio y esplendoroso según la personal interpretación de El Mene, que más que una promesa se adivina ya como feliz realidad.

Su primer novillo, segundo de la tarde, se vino abajo en el tercio de varas. Entonces se pensó si pudo ser por el duro castigo y la mala lidia. Pero el comportamiento era de manso total. Entablerado, parado, no tuvo ni un pase para desesperación del público y del propio Mene.

El áspero quinto, en esa línea, «embestía» con las manos y soltando la cara. Lo poco que se movía era andando, dificultad añadida que, sin embargo, no retrajo al joven maño, que al final del trasteo y adivinándole la distancia y la altura, le sacó unos naturales que parecían imposibles.

Además con fina compostura. La gente se volcó ahí. Y todavía más.

El Mene atacó a la hora de matar perfilándose en corto, la vista en el morrillo y media muleta a rastras, a las pezuñas, para que el animal humillara descubriendo el camino que habría de seguir la espada.

A matar o morir, se dice. Y fue lo primero. Aquello resultó un monumento a la suerte suprema. Estocada letal. Un estoconazo en todo lo alto, atracándose de novillo, que en un suspiro estaba patas arriba.

En San Isidro, el ciclo de casi treinta festejos entre mayo y junio, hubiera sido la estocada de la feria. El Mene cortó una oreja de peso.

Fotos: Guillermo Abanades Marín

BREVEDAD DE ÁLVARO DE CHINCHÓN

El primer novillo “se metía” por dentro, y a Álvaro de Chinchón no le quedó otra que abreviar para evitarse complicaciones.

El cuarto, incierto y descompuesto. Después de varios atragantones intentando o aparentando intentar lo imposible, otra vez el novillero de Chinchón optó por entrar a matar sin más.

Fotos: Guillermo Abanades Marín

SAN ROMÁN, TAMBIÉN SIN OPCIONES

Se presentaba en Madrid Félix San Román, personaje de espigada figura, que para hacer realidad el truculento sueño de ser torero tuvo que cumplir primero con la exigencia familiar de concluir la carrera universitaria de ingeniero superior.

Excepcional y hasta ejemplar el camino que viene siguiendo San Román, alternando libros y proyectos con los trastos propios de la lidia, para demostrar así que puede siempre el que quiere; eso sí, en el toreo con permiso de los astados, como queda apuntado al principio de esta crónica.

Porque fueron precisamente los astados, malos, muy malos, los que abortaron todo.

El primero de su lote, tercero en la tarde, fue novillo que topaba más que embestía, sin chispa que prestara emoción o interés, también porque no terminaba de pasar.

El sexto se desplazó algo en el capote, pero sin rematar los viajes. En la muleta, parado a las primeras de cambio. Pegado a tablas y desentendido de la muleta. San Román quiso, pero fue inútil.

Fotos: Guillermo Abanades Marín

FICHA DEL FESTEJO.-

Novillos de Los Chospes, muy bien presentados, casi una corrida de toros. Pero los seis «rajados», amigos de las tablas. De embestidas defensivas, inciertas y descompuestas. Imposibles para hacer el toreo.

Álvaro de Chincón: pinchazo y estocada caída (silencio); y dos pinchazos y estocada (silencio).

El Mene: pinchazo y estocada (silencio roto por una sorprendente ovación); y estocada fulminante en todo lo alto (una oreja).

Félix San Román, nuevo en esta Plaza: tres pinchazos y estocada caída (silencio tras dos avisos); y dos pinchazos y estocada (silencio tras aviso).

La plaza registró un tercio de entrada en tarde-noche de agradable temperatura gracias a una ligera brisa que, no obstante, no molestó en el ruedo.