Las Ventas – Reconocimiento a una figura histórica

ORTEGA CANO ESTRENÓ AZULEJO EN LAS VENTAS

Por Juan Miguel Núñez Batlles

José Ortega Cano tiene ya un azulejo en la Plaza de Toros de Las Ventas, estrenado en los últimos días del recién finalizado San Isidro-2026, que recuerda su historial de máxima figura del toreo.

Un trámite que la Comunidad de Madrid, propietaria del inmueble, venía demorando inexplicablemente después de otros reconocimientos de mentirijilla dedicados a nombres de poca importancia para estar en la historia.

UN RECONOCIMIENTO MERECIDO

La de Ortega Cano es una artística cerámica en la que destaca la frase que resume lo que ha sido su vida en los ruedos: «alcanzó la cumbre por el camino de la pureza».

Foto: Iván Abanades Medina

CLAMOROSOS HITOS

Ciertamente, al torero le avala un brillante y rotundo palmarés sustentado en clamorosos y muy significativos hitos que conforman un relato inabarcable de fechas y circunstancias que ya están en los anales; entre otros, el toro «Belador», escrito con «b», como lo inscribió su propietario, Victorino Martín, y no han de valer posteriores enmiendas ortográficas a la sabiduría ganadera.

Ha sido el único toro indultado —año 1982— en la historia de la monumental madrileña de Las Ventas, honor que corresponde a Ortega Cano. Y no fue el único «victorino» que el torero de Cartagena llegó a indultar, ya que años después, en 1994, en Olivenza (Badajoz), haría lo propio con «Garboso», qué nombre de toro con más salero.

Toro cumbre también en su palmarés, «Marquitos», de Ana Romero, al que indultó en Granada el 4 de junio de 1994. Más toros a los que inmortalizó con faenas memorables: «Espanto», en 1991, y «Pantalán», en 1998, ambos de Juan Pedro Domecq; y no podría quedar atrás el que supuso su consagración en Madrid, de Martínez Benavides, en 1985; como igualmente hay que significar la extraordinaria temporada de 1991 que cumplió en directísima competencia con César Rincón, de cumbres prácticamente a diario.

GENIO INIGUALABLE

Digamos que no es casualidad que Ortega Cano esté en la historia como uno de los más grandes. Por el encanto de su naturalidad; la hondura y el son de su toreo, tan profundo como de absoluta entrega; atributos que le definen como genio inigualable. De Madrid hay que nombrar asimismo cuatro Puertas Grandes.

Empero, al compás de sus hazañas en el ruedo, conviene cantar también su singular y excepcional humanidad.

Torero grande, encanto de lo espontáneo y directo, cuya magnitud fue y sigue siendo su humildad. Gran torero, sí, en los ruedos, y gran persona en la calle; con lo difícil que es conjugar el binomio de torero y señor.

PRIVACIONES, LUCHA Y SACRIFICIO

Ortega se preparó desde la infancia para todo tipo de privaciones, para la lucha y el sacrificio constante, siempre a la espera de conquistar unos objetivos cada vez más inalcanzables.

Por eso utilizó siempre las armas de la bondad, y hay que resaltar de él lo buena persona que es; complaciente para estar con todos los que se le acercan. De modo que más allá de los hitos en su carrera, está su grandeza personal: la del ser humano, bueno y sensible, siempre preocupado por los demás.

Hombre sencillo, afable y cordial, la vanidad nunca anidó en él.

SU MADRE Y ROCÍO

Y dos referentes en su vida: su madre, doña Juana, que influyó mucho en su conducta, y fue decisiva para superar los socavones en su carrera, pues fueron diez años esperando para «romper» en figura; y también Rocío, la gran Rocío Jurado, su pareja ideal en la vida.

Ortega Cano, por otra parte, también ha sido y es modelo de la vida cultural y social que presta categoría a lo taurino.

Y ejemplo de fortaleza para enfrentar un rosario de cornadas, 23 percances, que no han frenado en absoluto el ímpetu de su torería. Ninguna hizo mella en su ánimo, y de todas volvió más valiente y más torero.

… Y LA SOLIDARIDAD

Otro aspecto destacado en su vida, la solidaridad para salir al quite de necesidades y desgracias de muchos prójimos, toreando para ello innumerables festivales y corridas.

El gesto sin precedentes de ceder los honorarios completos de cinco corridas de toros para remediar la hambruna de Ruanda por la sequía de 1994.

Y miles de detalles que avalan su hermosa actitud ante la vida.

Por todo, un torero, un hombre, encumbrado a la gloria de los grandes.