San Isidro – 26ª de Feria

VICTORINO SIGUE SIENDO EL REY

Por Juan Miguel Núñez Batlles

Fue la corrida que siempre se espera de Victorino. Brava en el caballo y muy variada de juego.
Ninguno dio facilidades, pero tampoco se comieron a nadie. Y esta vez, como casi siempre ocurre
con esta ganadería, saltó un toro extraordinario: el tercero, de nombre «Gallarete». Un toro de
vacas, suele decirse en casos así, para padrear y sirva de simiente a la cabaña de bravo.

Qué gran espectáculo el del toro bravo y pujante en todas sus cualidades.
Román le cortó las dos orejas por una faena de mucha vibración y aportación por parte del toro.

Esta es la cronología de la corrida, contada en tres bloques atendiendo a las actuaciones de cada torero:

MORENITO, EN FAENAS «SORDAS»

Eficaces y poderosos lances de Morenito de Aranda para recoger y fijar al primero, que cumplió en el caballo.
Brindó el burgalés al público, porque le habría visto algo bueno al toro, o por su compromiso de intentar
faena lucida. Pero lo que traía el toro era más fachada que buenas intenciones. De modo que quedándose corto
y volviéndose en un palmo, no fue nada fácil.

Morenito insistió y se la jugó por los dos pitones en una faena «sorda», sin eco en el tendido. Aplauso en el
arrastre del toro, y silencio para el torero.

El cuarto tuvo dos faenas, una primera parte nada lucida por las complicadas embestidas del toro, soltando la cara,
y otra más reposada y limpia cuando se templó el animal, y con él, el propio Morenito, que, no obstante,
tampoco redondeó nada. Otra vez aplausos al toro y silencio para el torero.

Foto: Alfredo Arévalo – Plaza 1

ADRIÁN, VENCIDO POR LA INTRASIGENCIA DEL TENDIDO Y LAS EXIGENCIAS DE LOS TOROS

Estimables lances de Adrián al segundo, que entró corrido al caballo y dejándose pegar; un
segundo encuentro aflojando algo; y todavía entró una tercera vez. Luego se quejarán de la
fuerza del toro.

En la muleta, ligeramente andarín, algo incómodo; pero el torero no lo enganchó ni una sola vez,
al contrario, pegándole pases de uno en uno sin intentar dos seguidos. El toro no tenía clase
alguna, empero tampoco él aportó nada para suplirla. Y desde «el 7», los eternos críticos, se lo
recordaron constantemente.

Toro muy aplaudido en el arrastre, y pitos para el torero.

El quinto, cornicorto, pobre de cara, muy protestado de salida. La terquedad e intolerancia de
los eternos vociferantes esta vez no se justifica ya que por hechuras el toro es perfectamente
válido, y siempre hubo y habrá toros con más o menos defensas.

¿O es que van a dudar ahora de la integridad del ganadero, santo y seña de la seriedad y
responsabilidad de los toros en puntas?

El caso es que, después de derribar en varas, el astado llegó paradito y con poco celo a la
muleta. Adrián tampoco puso ningún brío en su quehacer.

Foto: Alfredo Arévalo – Plaza 1

CUMBRE DE ROMÁN GRACIAS A UN GRAN TORO

El tercero se arrancó dos veces con alegría al caballo y empujando en el peto.

Brindis a Manuel Martínez Erice, quien fue su apoderado y el último gran empresario de esta plaza
monumental de Las Ventas. Dedicatoria que toda la plaza celebró con una cerrada y muy cariñosa
ovación. Madrid tiene memoria.

Y para estar a la altura de la ofrenda se puso a embestir «el victorino» con una clase
extraordinaria, gran ritmo y muy buen son en la muleta. El toro bravo en su más genuina expresión,
«comiéndose» la muleta una y otra vez, y otra y otra; por abajo sin necesidad de que el diestro le
obligara, y largo, muy largo, yendo y viendo, sin falsas llamadas o cites que en la jerga llaman
«toques»; mientras, sin desmerecer, el toreo de Román se limitaba a aguantar aquel torrente de
bravísimas y bellas embestidas.

Bastante para el torero, que al cobrar un estupendo estoconazo en la suerte de recibir, tuvo el
honor de pasear las dos orejas.

Hubo petición de vuelta al ruedo para el toro de Victorino, pero «el Palco», una tarde más a la
deriva, ni se coscó, como diría el castizo, de alguien que no se entera ni sabe apreciar lo
extraordinario.

Y aquí, el detalle de Román, que salió al tercio a aplaudir al toro.

Ya en el sexto no pudo o no fue capaz de redondear Román. Toro que salía de los pases con la cara
alta, y el torero no se sintió capaz de doblegar.

Foto: Alfredo Arévalo – Plaza 1

FICHA DEL FESTEJO.- Toros de Victorino Martín, bien presentados, bravos y de juego variado y exigente, con un tercero extraordinario para el que se pidió la vuelta al ruedo. Aplaudidos todos los arrastres.

Morenito de Aranda: media estocada tendida y dos descabellos (silencio tras un aviso); y bajonazo (silencio tras un aviso).

Fernando Adrián: estocada (pitos); y

Román: gran estocada recibiendo (dos orejas); y cuatro pinchazos y dos descabellos (ovación al auparle a hombros para salir así por la Puerta Grande).

En cuadrillas, siete de nueve banderilleros de azabache, o luto riguroso. Una pena, una vergüenza. Impecable, de gris y plata, un día más Gómez Escorial, de los pocos respetuosos con el rito del vestido torero de luces.

La plaza registró el habitual lleno de «no hay billetes» en tarde de excelente temperatura en la sombra.