Corrida In Memoriam de Ignacio Sánchez Mejías
ENCERRONA EN TODA REGLA
Por Juan Miguel Núñez Batlles
Encerrona, dice el diccionario, es una trampa preparada; y no una gesta como quieren significar los taurinos,
lo mismo profesionales que aficionados, cuando un torero se anuncia para matar seis toros en solitario.
De modo que para respetar el significado de esta palabra habrá que proclamar que la Corrida In Memoriam de
Ignacio Sánchez Mejías, vigesimoséptimo festejo de la Feria de San Isidro, celebrado fuera del abono este
domingo en Madrid, ha sido una encerrona en toda regla.
Una trampa tendida a Borja Jiménez, que no sabía por dónde y cómo andarse con la porquería de toros que iban
apareciendo por chiqueros.
En principio se anunciaban (ver el cuadro de actuantes y toros al final de esta crónica) tres de Domingo Hernández
y otros tantos de Toros de Cortés, que es el segundo hierro de Victoriano del Río; y al final, un galimatías al
ser devueltos tres y tener que lidiarse otros tantos sobreros.
SÓLO DOS EMBISTIERON POR DERECHO
De estos seis en total, embistieron por derecho dos de ellos: el cuarto, de Victoriano del Río; y el sobrero que
hizo quinto, de El Torero. El resto un fiasco, y de qué manera, pues fueron estos cuatro toros los que sustentaron
el fracaso de la tarde.
Y no sólo el ganado tuvo que ver, pues también falló el ánimo y los pocos recursos del torero para levantar aquello.
Ni un quite ni imaginación que aportara variedad. Y cuando le vinieron las cosas a favor por el excelente juego que
ofrecieron los toros cuarto y quinto, ambos claramente de triunfo, pues sí que los toreó más centrado, firme y
resuelto, y hasta con atisbos de arte.
TODO POR LA BORDA
Pero el mismo Borja Jiménez se iba a encargar de tirar todo por la borda con los aceros.
A perro flaco, todo son pulgas, asegura un refrán popular.
Y qué flaco y creciéndole las pulgas se veía Jiménez a partir de la ovación que saludó de bienvenida tras el
paseíllo.
Porque fue salir el primero, al que intentó recibir con una larga a porta gayola, y empezar a torcérsele las cosas.
Fue un lance solamente pretendido, ya que se vio obligado a resolverlo cuerpo a tierra y con carrera despavorida
para saltar las tablas, lo que en la jerga se llama tomar el olivo.
Aunque todavía se repuso repitiendo la misma suerte en terrenos más alejados, al hilo de las tablas, y encadenando
con verónicas de olés. Apretó el toro en el caballo, síntoma de bravura y buen pronóstico de faena, que abrió por
desenvueltas y garbosas trincheras.
El toreo por la derecha surgió con gusto, empaque y resolución. El mismo aire y buen son al natural. Y una lástima
que el toro se echara estando la faena en su cenit. Porque a partir de ahí ya nada fue igual, encaminándose el
trasteo por otros derroteros.
Faena a menos, con final a espadas poco agraciado. Silencio en este primer balance, lo que hizo mella en el ánimo
del torero, que terminaría derrumbándose con la salida y posterior devolución del segundo. Y mismos pasajes en el
tercero.
Fotos: Alfredo Arévalo – Plaza 1
CENSURAS Y DENUNCIAS
Fue cuando «los críticos» se armaron de razón y empezaron con sus censuras, cantadas unas, gritadas otras, con palmas de tango, denuncias directísimas y hasta alguna que otra grosería. Mientras Jiménez hacía un toreo, si tal se le puede considerar, de lo más insulso. Voces y clamores de protesta como los «miaus» que ponían fondo a lances y pases de poca presencia y menos brío; lo de «toros-toros» como reivindicación permanente, y «fuera de Palco» para exigir más control y rigor de la autoridad. Uno especialmente crítico, el de «Laaaaaaaadronesss», así como el directísimo dardo a la empresa, «plaza uno-dimisión». Y lo más descortés, «hasta los güevos, estamos hasta los güevos». Menudo catálogo de términos y frases entre el ingenio y la ordinariez, en tanto no permitían al torero que intentase remediar aquello, del todo irremediable. Pitos y más pitos, y palmas de tango.AMAGO DE CONCILIACIÓN
Confuso griterío y alboroto que no cesaría hasta la salida del cuarto, cuando por enésima vez en la tarde acudía el rubio torero a hincarse de rodillas frente a toriles. Un toro bravo de Victoriano del Río que respondió en el caballo y brindó también las mejores soluciones en la muleta. Jiménez se centró con él, y enseguida llegó la reconciliación con el tendido. Hubo derechazos y naturales de muy bella fractura. Series largas y de pases muy seguidos, perfectamente hilvanados, largos y profundos. Ése era el camino. La plaza ahora «rota» en roncos olés. Pero ojo con bajarle la mano. El toro tiene brío y empuje, no obstante, no admite nada por abajo. Manoletinas finales. Qué fácil fue poner a todos de acuerdo. Pero iba a faltar contundencia al matar. Y no asomaron suficientes pañuelos presumiblemente por el descontento del tendido con lo que estaba pasando en el transcurso de la tarde. Sin duda que en otro contexto hubiera sido de oreja.TOREO MECÁNICO, SIN «ÁNGEL»
El quinto, también blandeó a la salida del caballo, y en consecuencia fue devuelto. Tercer sobrero, de El Torero. Toro largo y de lomo recto, entipado. Más generoso en la forma de embestir. Por la derecha le toreó Borja erguido, con limpieza, pero sin «ángel», transformado ahora en un torero mecánico, en plan pegapases. Qué rara mutación de estilo. Y conforme perdió fuelle el toro bajó el buen ritmo de la faena, que en el último tramo se condujo por pases de uno en uno; sin ligazón, el unipase, aunque muy «metido» el torero con el toro. Todavía había argumentos para la pacificación. Sin embargo, estando tan encima, en unas cercanías de verdadera conmoción, no se serenó lo suficiente. Entró a matar a la desesperada, dejando un rosario de pinchazos. Oportunidad definitivamente perdida, porque el sexto, soso y sin aliento, ya no dio oportunidad de nada.
Fotos: Alfredo Arévalo – Plaza 1
FICHA DEL FESTEJO.-
Dos toros -primero y tercero- de Domingo Hernández, el segundo de ellos como sobrero, nobles y en el límite de la invalidez.
Tres -segundo, cuarto y sexto- de Victoriano del Río, el primero de ellos como sobrero, blandos también excepto el cuarto, un toro extraordinario.
Y un sobrero de El Torero, el quinto, grande y de mucha clase.
Borja Jiménez: estocada casi entera caída (silencio); estocada atravesada y descabello (silencio); estocada (silencio); media estocada tendida y descabello (petición insuficiente y vuelta con protestas); cuatro pinchazos, media estocada y descabello (ovación tras un aviso); y estocada contraria (silencio).
En las cuadrillas, de nueve banderilleros, sólo uno, el «tercero» Luis Blázquez, vestía de plata.
Ocho de azabache, riguroso luto, para acompañarles en el sentimiento. Así fue la tarde.
La plaza registró lleno de «no hay billetes» en tarde calurosa.
