San Isidro – 24ª de Feria
AVISOS DONDE HABÍA OREJAS
Por Juan Miguel Núñez Batlles
Esta Feria está siendo la del desacierto con el descabello. Todas las tardes marran los toreros con el estoque de cruceta, en algunos casos de forma escandalosa; y ahí están los avisos que lo atestiguan. Avisos por doquier.
Aunque no es tan determinante el elevado número que se contabiliza como el significado de las largas, anodinas y fracasadas faenas en las que se producen.
Se dijo siempre que el aviso no es más que un recordatorio del tiempo que está durando la faena. Pero hay casos, en gran cantidad, como los de esta Feria, que vienen a revelar las incapacidades de los toreros en muchos aspectos.
TOROS BRAVOS
La corrida de este jueves, vigesimotercer festejo del ciclo isidril, ha dado para varios titulares muy significativos, que desde luego tienen mucho que ver con el desarrollo de las lidias y sus resultados. El más rotundo y aplastante se le aplicaría a Emilio de Justo para descalificarle no sólo por los cuatro avisos que sumó, dos en cada toro, sino porque esa misma cantidad de cuatro debió destinarse a trofeos, ojo, por la calidad de los toros que conformaron su lote.
Toros bravos de Jandilla, incluso uno de los dos que saltaron de Santiago Domecq, de una nobleza y clase excepcional, como pocos se han visto en esta edición.
EMILIO DE JUSTO, MUCHOS PASES Y POCO POSO
Toro fácil el primero de corrida, por noble y humillado. Por la docilidad en la forma de acudir y seguir los engaños, con fijeza y muy humillado. Se le cuidó en el caballo al adivinarse en él una muy buena condición; un extraordinario fondo de temple y ritmo en las embestidas. Y Emilio de Justo, sí, se hartó de pegarle pases por uno y otro pitón, en tanto el toro le permitía todos los desahogos.
El cronista quisiera evitar ahora la crítica dura, pero hay que dejar claro que no hubo buena conexión entre torero y toro. Eso además sin entrar en los detalles del petardo con el descabello.
Y menudo toro el cuarto, bravito también y con mucha clase. De Justo anduvo rápido y brusco con el «jandilla», sin templarse hasta bien avanzado el trasteo, y con unas bernadinas que tampoco arreglaron nada. Toro por encima del torero. Las palmas de tango del tendido mientras agonizaba el bravo y noble animal por la infame estocada que le había recetado, advertían de las lagunas y fallos que había tenido la faena.
Fotos: Iván Abanades Medina
QUÉ TORO, UN SARDO DE FORMIDABLE CONDICIÓN
El segundo derribó en el primer puyazo y llegó con empuje a la muleta, desplazándose por ambos pitones; no obstante, Jiménez no terminó de cogerle el aire. Faena larga y sin poso.
Toro enrazado el quinto, y de preciosa capa, sardo, que es una mezcla de pelos blancos, negros y colorados. Una pintura, que unía a su belleza la formidable condición de la bravura expresada en sus principales componentes de fijeza y prontitud, humillación y viajes largos. ¿Qué más necesitan los toreros? Pues tampoco Borja Jiménez terminó de encontrarse. Para ser exactos, no pudo con él.
Y una pregunta en el aire: ¿si no tuviera este torero el compromiso de matar seis toros en solitario en esta misma plaza el próximo domingo, hubiera arreado más? Desde luego el de hoy no es el camino.
Fotos Iván Abanades Medina
VÍCTOR HERNÁNDEZ DEBE OLVIDARSE DE JOSÉ TOMÁS
Y ya Víctor Hernández, de quien dicen que está llamado a ser el sucesor de José Tomás, porque, aseguran, se parecen entre ellos; y la verdad, lo único en común hasta ahora con el de Galapagar es que suele citar colocándose en el camino del toro, y así le salen tropezados la mayoría de los pases. Incluso corre el riesgo de salir atropellado como le ocurrió dos veces al final de la función.
En su descargo hay que decir que apechó con el peor lote. En su primero, tercero de la tarde, la disculpa de que fue toro topón, alejado de la mínima condición de bravura. Mientras que con el sexto, que tuvo muchas teclas que él quiso obviar, casi le cuesta caro su épico y equivocado planteamiento. Pues no se trata de ponerse en las cercanías y a lo que salga.
El hombre va claramente de «suicida José Tomás»; y se equivoca, porque se vislumbra en él un torero con gran capacidad personal en los atributos grandes del toreo, que le llevarían lejos, pero tiene que olvidarse precisamente de ese espejo.
Fueron espeluznantes las dos cogidas que tuvo, en el recibo de capote y otra vez en la muleta. Por fortuna, todo quedó en los correspondientes grandes sustos.
Fotos: Iván Abanades Medina
Emilio de Justo: pinchazo, estocada caída y diez descabellos (silencio tras dos avisos); y estocada trasera y baja, y dos descabellos (leves pitos tras dos avisos).
Borja Jiménez: dos pinchazos y estocada trasera (silencio tras aviso); y estocada y dos descabellos (silencio).
Víctor Hernández: media estocada desprendida y descabello (ovación tras aviso); y estocada y seis descabellos (silencio tras aviso).
La plaza registró lleno de «no hay billetes» en tarde agradable.
CODA.- Al margen de actuaciones, hay que dar la enhorabuena a la cuadrilla de a pie de Borja Jiménez, tres banderilleros, por fin, impecablemente vestidos de plata como manda el rito. Y no de los azabaches fúnebres que podrían ser de malos augurios, y que en esta ocasión cargaban dos de los hombres de Emilio de Justo y otros tantos de Víctor Hernández. Se puede constatar leyendo la Ficha de Actuantes al pie de esta información.
Qué tristeza y dolor ese azabache tan de moda que recuerda a los catafalcos. En las plazas de toros, alegría, por favor.
