San Isidro – 22ª de Feria

UNA VUELTA AL RUEDO DE DAMIÁN CASTAÑO CON SABOR A OREJA

Por Juan Miguel Núñez Batlles

Hay un detalle o particularidad que debía ser insignificante cada tarde de toros, en Madrid y todas las plazas, al que no habría porqué prestarle atención, ni hacer de él la mínima referencia; aunque está siendo una circunstancia cada vez más ostensible. Son los banderilleros que visten de luto.

Han dejado, o para ser exactos, la mayoría están dejando, de ponerse el vestido de plata, vestido de luces que siempre les ha caracterizado, incluso distinguido.

Este San Isidro están saliendo muchas tardes cuadrillas enteras «de luto». En esta corrida vigesimosegunda del ciclo, los nueve banderilleros, tres de cada cuadrilla, los nueve iban de duelo y desconsuelo por el azabache del traje. Los «jefes» deberían tomar cartas en el asunto.

Y la pregunta es muy fácil; tan sencilla como la respuesta. Dado que también los matadores acostumbran a vestir en muchas ocasiones de azabache, y sólo con un detalle en oro como es el chaleco, algo casi inapreciable, al final ellos, los banderilleros, se sienten «en esencia» con el mismo rango; aquel que perdieron cuando tomaron la decisión, para casi todos muy dura, de renunciar a ser matador pasándose a las filas de los subalternos. Y aquí está la clave: no quieren ser llamados ni considerados subalternos, porque el significado de esta palabra les recuerda su lugar inferior.

Así tenemos que los banderilleros o subalternos, prácticamente todos, ya no visten de plata.

LUZ Y COLORES BRILLANTES

Y «la Fiesta», que siempre ha sido un cúmulo de luz y colores brillantes, de la alegría que reflejan sus personajes y circunstancias en todos sus detalles, ahora se vuelve oscura y taciturna, de tonalidades y mensajes tristes.

Un panorama encontrado por completo con la bellísima descripción lírica de «La Cuadrilla», el poema del poeta y dramaturgo almeriense Francisco Villaespesa, gran difusor del modernismo literario que trajo de Hispanoamérica a España la renovación estética surgida a finales del siglo XIX y principios del XX.

Versos tan exactos y apropiados los de Villaespesa para meterlos en el alma de los subalternos o banderilleros de ahora:

«Y cuando las cuadrillas
riman su paso al son de
un pasodoble vivo y
sonoro, alegre como el
vino de Andalucía, cada
traje es un iris de seda y
raso, que a los besos de
llamas de un sol de oro
se derrite en cien iris
de pedrería…».

Palabras del poeta que vienen al hilo del recurrente tema de los banderilleros, y que el cronista quiere dedicarlas ahora precisamente a uno de los de azabache, Rubén Sánchez, herido de gravedad cuando lidiaba al quinto de la tarde. Una espectacular voltereta, la cara partida al caer y antes o después el pitón viajando en el muslo derecho con dos trayectorias. Pronóstico «sólo» grave cuando se temió algo peor. A Rubén Sánchez, como a todos los toreros heridos, el deseo de una pronta y total recuperación.

DAMIÁN CASTAÑO, MÁS FIERA QUE EL FIERO TORO

Y ya con la corrida, gran protagonista Damián Castaño, todo valor y destreza, exponiendo una barbaridad, sobre todo en el quinto, segundo de su lote, un «escolar» avispado de más y con mucho poder. Toro peligroso, de evidentes y muy malas intenciones. Pero pudo más el compromiso de Castaño frente al astado, que en absoluto se entregó en el capote.

La cogida al lidiador Rubén Sánchez fue elocuente muestra de esa falta de entrega en el toro mientras iba «orientándose», desarrollando mucho sentido. Y ahí, el valor a toda prueba de Castaño, desde el primer momento muy firme, sin volver la cara. Un trasteo de absoluta sinceridad para acabar robando muletazos por el derecho de enorme mérito. El peligro era constante, mientras el valor y la disposición del torero iban a más.

Una pena el pinchazo y el descabello antes y después de la estocada. Empero, la vuelta al ruedo que dio Castaño tuvo sabor a oreja.

En su toro primero, el segundo, que se quedaba corto y echaba la cara arriba, se la jugó también Castaño, pero fue imposible.

Fotos: Iván Abanades Medina

GÓMEZ DEL PILAR, ARRESTOS SIN ESPADA

Otro nombre notable en la tarde fue el tercer espada, Gómez del Pilar, muy motivado e inspirado sobre todo en el que cerró plaza.

Faena aquí de muchos arrestos y dominio de la situación. Se la jugó de verdad en cada muletazo, pero perdió un posible trofeo por la extensa duración de la faena.

Algo que le había ocurrido también con el tercero, toro al que había que atacar siempre en corto para que se viniera.

En uno y otro, dos avisos, pegó un petardo con los aceros. A punto de haberle echado los dos toros al corral.

Todo por no estar más expeditivo y eficaz con los tiempos y la suerte suprema.

Fotos: Iván Abanades Medina

PEPE MORAL NO LLEGÓ A PONERSE

De Pepe Moral, poco bueno que contar. Se le fue el primero, el toro más claro del envío.

Toro que descolgó en el capote y empujó con fijeza y humillado en los dos puyazos que tomó. Aparentemente parado en la muleta y de viaje corto, cuando el hombre se puso de verdad se echó para adelante el de Escolar.

Pero ya era tarde. Se había perdido Moral quince o veinte muletazos buenos, los que tenía el toro.

Muy cuidado el cuarto en el caballo, llegó a la muleta sin humillar, y Moral no se entretuvo lo más mínimo en buscarle las vueltas, que en realidad tampoco las tenía.

Foto: Iván Abanades Medina

FICHA DEL FESTEJO.- Toros de José Escolar, muy bien presentados; sin exageraciones de kilos pero de un trapío impresionante. Corrida muy seria por fuera y con dificultades y hasta peligro en algunos casos por dentro como fueron quinto y sexto. El único noble y manejable, el primero. Y con retranca segundo, tercero y cuarto.

Pepe Moral: estocada desprendida (silencio tras aviso); y pinchazo, media estocada caída y seis descabellos (silencio).

Damián Castaño: dos pinchazos, estocada y descabello (silencio); y pinchazo, estocada desprendida y descabello (vuelta).

Gómez del Pilar: tres pinchazos y diez descabellos (pitos tras dos avisos); y media estocada desprendida y dos descabellos (palmas tras dos avisos).

Cuadrillas: picó bien al tercero y fue aplaudido Juan Manuel Sangüesa.

En la enfermería: fue intervenido bajo anestesia general el banderillero Rubén Sánchez de «herida con orificio de entrada en hueco poplíteo derecho con una trayectoria hacia delante de 10 centímetros que contusiona arteria poplítea y nervio ciático en su bifurcación, y una segunda trayectoria de 15 centímetros en dirección ascendente que produce lesiones en músculos isquiotibiales. Asimismo de traumatismo facial con epistaxis y erosión en dorso de nariz. Pronóstico grave».

Tras la operación fue trasladado al Hospital Gregorio Marañón, donde quedó ingresado.

La plaza registró más de tres cuartos de entrada en tarde agradable, sin el calor sofocante de días anteriores.