San Isidro – 18ª de Feria (Corrida de la Prensa)

«PORTAZO» DE URDIALES, AUTORIDAD SUPREMA CON CAPOTE, MULETA Y ESPADA

Por Juan Miguel Núñez Batlles

No cabe más y mejor torería que la expresada por Diego Urdiales este jueves en Las Ventas de Madrid, en el decimoctavo festejo de la Feria de San Isidro.

La versión más perfecta y completa de lo que se entiende por toreo clásico. Un estilo elegante, distinguido y exquisito, aderezados estos fundamentos con una airada entrega en la interpretación.

URDIALES, LA GRAN VERDAD DEL TOREO

Urdiales, todo pureza desde su particular y fenomenal concepto del toreo. Basado su estilo en la más absoluta naturalidad, qué fácil y simple aparenta, y qué grande en definitiva. Es ahora mismo la marca Urdiales la gran verdad del toreo, consecuencia de lo que ha dibujado esta vez en Madrid.

Y lo es en tres apartados clave que hay que considerar al efecto: su elevado tono en la forma de torear con el capote; la magia de su rigurosa y embrujada muleta; y la contundencia de su espada.

Qué delicia recordar para el relato tan felices circunstancias. En el segundo, que por el orden de lidia al haber ceremonia de confirmación fue su primero, salió toreando de capa hasta el mismo platillo; unos majestuosos lances mecidos de mucho temple y enjundia y la media muy arrebujada, un cartel de toros. Todavía otro quite más por verónicas en ese aire.

Ya muleta en mano, toreó Urdiales por la derecha con suma limpieza, temple y arrogancia. Tres tandas más por ese pitón, y algunas desigualdades al irse por naturales; no obstante, el buen poso ya estaba ahí. El toro, noblón, sin pasar de esa condición, tenía poca chispa; y al efecto, obligó al torero a poner mucho. Fue después de ese primer recital de temple y mucho garbo cuando la estocada hizo de magnífico broche. Oreja de categoría.

Y salió el de Arnedo en el cuarto con la vista puesta en la Puerta Grande. De nuevo, lances de muy buena apostura; y un quite de dos verónicas y media de extraordinaria lentitud. Qué manera de recrearse Urdiales con el capote.

El gesto en el brindis al público, apretándose la montera en el lado izquierdo del pecho, en el corazón, hay que interpretarlo como emocionante sensación de sentirse especialmente querido en esta plaza. Y a partir de esta consideración sobran las palabras, cuando los hechos son claramente reveladores: Urdiales, torero de Madrid.

Fue así como se produjo el homenaje espontáneo, mutuo y recíproco del riojano con la sabia y exigente afición madrileña. Acuerdo en el que ambas partes se comprometen por igual a darse lo mejor.

Fue cuando abrió faena por abajo, rodilla en tierra y a dos manos. ¡Cuánto tiempo que no se torea a dos manos! La gracia del toreo en esta modalidad. Y al ponerse de pie, una trincherilla soberbia. Pitón derecho, y a torear con suma delicadeza, llaneza y espontaneidad; que es como decir toreo de usía. Qué majestad la de Urdiales. Y qué profundidad; como obligaba la buena condición del toro: noble y con clase, pronto y humillado, con mucha movilidad y gran ritmo, de viajes largos.

Toreó Urdiales olvidándose del cuerpo, como recomendaba Juan Belmonte que había de hacerse cuando se presentaban coyunturas así. Y Madrid explotó de puro gozo.

Hay que advertir que al natural hubo alguna ligera interrupción, como había ocurrido en el toro anterior. Pero al conjunto, ni un pero. Estocada, y la oreja que le abriría la Puerta Grande. Está Urdiales que se sale.

Foto: Guillermo Abanades Marín

Fotos: Iván Abanades Medina

Fotos: Iván Abanades Medina

A ROCA NO LE QUIEREN EN MADRID

Y en contra de las cercanías que se vivieron del público con Urdiales, al peruano Roca Rey no le quieren en Madrid. Y eso que se esforzó el hombre en sus dos toros, y en ambos trasteos hubo pasajes de notable mérito.

Estuvo muy entregado en el tercero, y de igual guisa en el sexto. Quizás le afecten las protestas, siempre del mismo sector, los eternos descontentos. El caso es que es valiente, con mucho arrojo.

Y aunque la gracia de su estilo no está precisamente en el arte, merece más respeto cuando está en la cara del toro. En el tercero, después de una faena correcta y muerte rápida del toro, ni le ovacionaron.

En el sexto ya le dieron una oreja, aún con protestas, porque tanto encono parecía descarado.

Fotos: Iván Abanades Medina

EL CONFIRMANTE ALOI PASÓ DE PUNTILLAS

El peor lote y los nervios se la jugaron al mexicano Bruno Aloi, que confirmaba alternativa.

Muy soso su primer toro, y parado del todo el sexto, que ni siquiera le permitió un proyecto de arrimón, su oportunidad no fue tal.

 

Fotos: Iván Abanades Medina

FICHA DEL FESTEJO.- Toros de Juan Pedro Domecq, aceptablemente presentados, bravos y nobles en diferentes grados, y en general de buen juego salvo el apagado sexto. Toro sobresaliente, el cuarto, que por ritmo y buen son aportó mucho para el triunfo del torero.

Diego Urdiales: estoconazo (oreja); y estocada (oreja tras aviso).

Roca Rey: estocada (silencio tras aviso); y pinchazo y estocada contraria (oreja tras aviso).

El mexicano Bruno Aloi, que confirmó alternativa: pinchazo, bajonazo, tres pinchazos más y otra estocada trasera y perpendicular (silencio tras aviso); y pinchazo hondo y estocada trasera (silencio).

En cuadrillas, Pablo Gallego saludó tras banderillear al sexto.

Presenció la corrida desde una barrera del «9» el rey Felipe VI, que recibió los protocolarios brindis de los tres espadas en sus respectivos primeros toros; y a su lado, el ganadero Victorino Martín.

La plaza registró lleno de «no hay billetes» en tarde de calor. Y al finalizar el paseíllo sonó el Himno Nacional.