San Isidro – 14ª de Feria

LOS DESAFINADOS «MÚSICOS» DE ALCURRUCÉN

Por Juan Miguel Núñez Batlles

Tiene buena fama la ganadería de «Alcurrucén» por el excelente juego que suelen dar algunos de sus toros, de excepcionales virtudes para hacer el toreo. Concretamente los bautizados con nombres de músicos procedentes de vacas y sementales cuya calidad está muy contrastada.

Son los musiqueros, guitarras, tamborileros, pianistas, gaiteros, bandurrios, violinistas… y cientos de apodos más que transmiten sonidos de la mejor armonía.

Toros de Alcurrucén, de mucha fama por el ritmo y la melodía que sugieren; la mayoría de manera lógica y natural, que estremecen por la inquietud de las emociones en los contextos que ellos mismos establecen y brindan al torero, entre lo bello y lo épico.

El toro «de Núñez», que es el encaste de «Alcurrucén», destaca precisamente por la pureza de su simiente, santo y seña de la cabaña de bravo.

Así que estaban puestas todas las esperanzas en la marca «Alcurrucén», que hacía soñar una función de gloria y apoteósis para la terna de toreros que se las vieron con los toros de esta ganadería.

Pero nada triunfal hubo. Nada. Y es más: la tarde fue un fracaso en lo que al ganado se refiere.

Los «músicos» desafinaron de qué manera. Fue una corrida sin empuje.

ASPECTOS NOTABLES, POCOS

Aunque para ser justos, conviene precisar algunos aspectos también que tuvo el festejo como algo notables.

Lo más llamativo y que dejó más poso, una competencia en quites entre David de Miranda y Víctor Hernández en el segundo de la tarde.

Asimismo la sinceridad de Fortes una vez más en el toreo al natural; como la quietud de David de Miranda en sus toros; y la colocación, la forma de citar de Víctor Hernández, muy «metido» en los cites presentando muy planos los engaños.

Pero nada de esto que se señala como bueno llegó a buen puerto, ya que faltó rematar.

Y en todo caso, como resulta que el onubense De Miranda fue agraciado con una oreja de su primero, también convendría matizar que fue un trofeo tan barato que más le hubiera valido no recogerlo para evitar tantas protestas como tuvo en contra.

Foto: Iván Abanades Medina

LA SINCERIDAD DE FORTES

El primero, frenado en el capote de Fortes, blandeó después de tirar «cornaítas» al peto en el primer encuentro con el caballo, y escarbando antes de ir al segundo, en el que refrendó su condición de manso.

Quite de Miranda en su turno por saltilleras.

Pese a todo, y también aunque no sacó ningún brío en banderillas, Fortes brindó al llamado respetable.

Muletazos por bajo de buena compostura para fijar al toro en la apertura de faena; y toreo por la derecha, sin continuidad en los pases, no obstante, muy sinceros, y de especial relieve al natural.

Hondura tanto o más que plasticidad.

Lástima que el toro dejó la marca al final de su absoluta falta de clase.

El cuarto, bravo, apuntó bien.

Pero tras unos doblones iniciales y en dos caricias por el pitón derecho, se agotó.

Sin embargo, no hubo rendición y siguió Fortes alternando las dos manos, ya sin ritmo y el vientecito en contra.

Faena larga para el poco poso que dejó.

LOS QUITES

Un toraco el segundo, con 610 kilos y dos «perchas» descomunales.

Nada relevante más allá de unos superficiales lances de De Miranda, hasta que el toro abandonó el caballo después de empujar en dos encuentros sin humillar.

Fue cuando vinieron los quites: Hernández en su turno, por saltilleras; la réplica, por chicuelinas; invitación de nuevo a Hernández, que intervino ahora por tafalleras; y cierra finalmente De Miranda por gaoneras.

Y de todo esto tres conclusiones: una, que muchos de los lances de uno y otro espada salieron tropezados; dos, el muy feo detalle por parte de Miranda de dejar a Fortes como convidado de piedra; y tres, la torpeza de «quitarle» al animal con tanto lance el fuelle que ya no tuvo en la muleta.

El caso es que seguidamente firmó De Miranda un espectacular inicio por estatuarios, el de la firma y de pecho.

Bien por la derecha, pero en la segunda tanda desarme, quizás por el viento.

Y para seguir tuvo que ser ya de uno en uno.

El trasteo perdió entidad por la falta de fuelle en el animal, consecuencia sin duda de aquellos lances tan desordenados.

Lo cierto es que hubo una mayoría muy metida en el trasteo, que seguía apoyando.

Las bernadinas finales también contaron.

Pero la rúbrica de la estocada no fue de lo más ortodoxo.

Cayó la espada desprendida y trasera.

La masa triunfalista agitó pañuelos mientras protestaban los puristas.

Desde luego, no había petición mayoritaria ni juntando voces y pañuelos.

Y lo que sí se escuchó con nitidez y rotundidad fue «¡fuera del palco!» para recriminar al presidente que concediera esa oreja de rebajas.

El quinto pasó por el caballo sin decir nada.

Muy parado en la muleta tras un inicio por poncinas tomándolo muy en corto.

Era la única manera de que arrancara a andar, ponerse muy encima de él.

Estuvo muy firme De Miranda.

Suaves derechazos y alguna «alegría» en los remates, como un cambio por delante lentísimo.

Pero sin repetición, sin brío en el toro, aquello no fue a ninguna parte.

 

Fotos: Iván Abanades Medina

FICHA DEL FESTEJO.- Toros de Alcurrucén, muy desiguales de presencia y faltos de empuje, la mayoría entre la mansedumbre y la invalidez.

Fortes: pinchazo, estocada trasera baja, y dos descabellos (aviso y silencio); y pinchazo, bajonazo trasero, nuevo pinchazo, estocada desprendida y dos descabellos (silencio tras aviso).

David de Miranda: estocada desprendida y trasera (aviso y oreja protestada); y pinchazo y estocada (ovación tras aviso).

Víctor Hernández: estocada (silencio); y estocada tendida y trasera y dos descabellos (silencio tras dos avisos).

En cuadrillas, Víctor del Pozo saludó tras banderillear al quinto; e hizo lo propio Yelco Álvarez en el sexto.

La plaza registró un día más lleno de «no hay billetes» en tarde de calor y vientecito a rachas.