San Isidro – 12ª de Feria
«CANTAOR», DE VICTORIANO DEL RÍO, QUÉ TREMENDO TORO
Por Juan Miguel Núñez Batlles
Un gran toro de Victoriano del Río; un señor toro con todas las de la ley, puso titulo de grandeza a la tarde en la corrida celebrada este viernes en Las Ventas de Madrid, duodécima de la Feria de San Isidro.
«Cantaor» se llamaba el astado en cuestión, dechado de bravura y clase, y para el que se han acabado los epítetos que resaltan sus cualidades. Y tanto que por el juego que desarrolló, ha sido un toro que hace historia.
Toro bravísimo sobre todo en la muleta, y yendo siempre a más, ese requisito que le da precisamente el carácter de excepcionalidad.
FAENA HONDA Y DE MUCHA CALIDAD DE CASTELLA
Y enfrente un torero, supertorero esta vez Sebastián Castella, magistral en la tarea de sacar y lucir tanta majestad y poderío que encerraba el animal.
Qué pena tener que lamentar un desastroso final con los aceros. Porque ahí, por los reiterados descabellos, volaron las dos orejas que hubiera cortado el francés, sin duda.
Y es que el torero estuvo asimismo soberbio, llevando a cabo una faena honda y de mucha calidad.
Todas esas virtudes de toro y torero se miran con lupa ahora que ya ha pasado todo. Y sin abandonar el contexto de la colosal obra, hay que hacer una sincera y equitativa reflexión cuando se plantea la interrogante ¿fue «Cantaor» toro de indulto como algunas voces del tendido reclamaron?
Rotundamente no. Pues es verdad que tuvo calidad en el capote, no obstante, sin el suficiente empuje. También acudió pronto al caballo, mas sin el alboroto ni la furia de esa temperamental bravura que pone las plazas bocabajo.
Foto: Iván Abanades Medina
RANGO DE ACONTECIMIENTO
Finalmente todo lo que vino a continuación en la muleta, sí. Algo inenarrable.
El impactante inicio de faena en el platillo de la plaza, el toro en la otra punta arrancándose
y viniéndose como un obús, para desviar finalmente su trayectoria con dos asombrosos y escalofriantes,
por muy ajustados, cambios por la espalda.
Y sin más tanteo, a lo fundamental. El toro, muy humillado y pidiendo guerra. Toro con «carbón»,
muy exigente. Y torero tan bravo como el animal. Qué maravilla de embestidas y qué aguante del torero.
Castella planteó la faena más honrada que cabía; dando al toro sus espacios -«sitio» se dice en la jerga-
y luciéndolo en la media distancia. Muy quieta la figura, y relajado el cuerpo, completamente abandonado.
Y la locura por un toreo limpio y muy templado, muy ligado y hondo.
Derechazos y naturales en tandas cada vez más largas con los oportunos pases de pecho,
verdaderos monumentos. Y entre series «cositas» de mucha enjundia, como un cambio de mano lentísimo.
Y unas ajustadas bernadinas. A punto de caer las dos orejas como premio cuando llegó el lío con los aceros.
Clamorosa vuelta al ruedo para el toro. El toro de la Feria, sin competencia hasta ahora.
Y en tan apasionado ambiente también el torero paseó el anillo.
Fue, y aquí despedimos los elogios, un toro que hace historia por la naturaleza y el carácter
que mostró durante su lidia, para que aquello alcanzara rango de acontecimiento.
LO DEMÁS, EN TONOS CLAROSCUROS
Deslucido el que abrió plaza, Castella lo pasó por alto y con quietud, pero sin que aquello llegara a mayores.
Fotos: Iván Abanades Medina
De Justo estuvo mucho tiempo fuera de sus toros, perfilero y descruzado. Y los críticos de siempre, recordándoselo.
Fotos: Iván Abanades Medina
Con Rufo hubo un trance con guasa más que gracia, cuando le gritaron que acabara pronto, y confundiendo Rufo por «Pufo».
Fotos: Iván Abanades Medina
Sebastián Castella: más de media estocada caída y perpendicular (silencio); y media estocada y siete descabellos (dos avisos y aclamada vuelta al ruedo).
Emilio de Justo: pinchazo y más de media trasera y tendida (aviso y ovación); y tres pinchazos y nueve descabellos (silencio tras dos avisos).
Tomás Rufo: bajonazo perpendicular (silencio); y media caída, pinchazo, casi entera caída y descabello (silencio tras aviso).
En cuadrillas, José Chacón saludó en el cuarto.
La plaza registró un día más lleno de «no hay billetes» en tarde de calor.
