San Isidro – 11ª de Feria
VAYA TARDE: DESASTRE, RUINA Y BASURA
Por Juan Miguel Núñez Batlles
Qué desastre y ruina, basura de corrida, la celebrada este jueves en Madrid, undécima de la Feria de San Isidro. Pues si malas han sido algunas que se han quedado atrás, ésta ha batido todos los récords. Llueve sobre mojado. Y lo peor es que sucede esto con las taquillas a rebosar, casi todos los días el cartel de «no hay billetes», mientras «el producto» que se ofrece está cada vez más depreciado: toros de saldo y toreros alarmantemente incompetentes.
Por fortuna no todas las tardes son como ésta, pues ya sería el colmo. Pero cuando toca como en esta ocasión, una corrida de sumo interés sobre el papel que acaba en burla y desengaño total, se hace muy difícil frenar la crítica dura y hasta implacable que merecen los responsables directos e indirectos de la organización, tanto la empresa adjudicataria -al fin y al cabo la que viene haciendo caja-, como la propiedad de la plaza, la Comunidad de Madrid, que no vigila más de cerca para enmendar estos desaguisados, y también por la política de precios abusivos que espantan y han autorizado tanto en los abonos como en las entradas sueltas, sobre todo en éstas.
Ir a los toros en Madrid ya no es tan barato. Cuando antes Las Ventas era la plaza más económica, de precios módicos; y de paso, con la afición más entendida de España y del mundo entero. Y ahora ha dejado de serlo por esos precios desorbitados que, hay que insistir, alejan a los aficionados de los pueblos cercanos y otras provincias, y hasta de países con tradición taurina. Muchos de ellos -debería tenerse en cuenta- grandes aficionados.
¡ACABEN CON EL ATRACO AL PÚBLICO!
Y que no se malinterprete esta especie de reprimenda o amonestación, que en nada lleva ocultas groseras descalificaciones. Crítica limpia que pretende ser constructiva; orientada a ayudar, mejorar y aportar soluciones.
Esta ocasión la pintaban calva para llamar al orden por lo que viene pasando en la Feria. ¡Acaben de una vez con el atraco a la afición y público en general! Y para ello revisen, por ejemplo, la tarea de los veedores de toros que van a las dehesas y elijen las corridas se supone que por las notas de vacas y sementales; además de tener en cuenta el historial de las ganaderías en Madrid y otras plazas (ésta de Puerto de San Lorenzo lleva años, muchos años, que no le embiste un toro en Las Ventas).
Y verifiquen el momento de cada torero (Manzanares, muchas temporadas en decline, ya no es ni su sombra, y si se mantiene es por la sopa boba que le da la poderosa casa Matilla). Demasiados nombres como estos que habría que descalificar de antemano, en todos los carteles. Muchas ganaderías que no vienen a San Isidro porque no son del gusto de las pretendidas figuras. Son los toreros que prefieren el medio toro, y así va «esto».
Así se ha desarrollado la corrida. Algunos toros de Puerto de San Lorenzo, con muchos kilos y poco trapío. No hay quien lo entienda.
SONÁMBULO MANZANARES
El primero ya fue un triste anuncio de lo que iba a ser la tarde. Una, dos.. y hasta cuatro veces el toro por el suelo, naturalmente entre protestas. Pasó por el caballo sin ánimo de pelea, y volvió a caerse en la apertura de faena. Gritos en el tendido «siete» reclamando «¡toros!» entre palmas de tanto. Desarme, otra caída, y visto para sentencia. Manzanares se lo quitó de encima sin despeinarse.
El cuarto, otro inválido, devuelto. Segundo sobrero, de El Freixo. Uno de los pocos que se mantiene en pie, pero se duele en el caballo y en banderillas. Y Manzanares tirando líneas; ni proyectos de pases.
Foto: Iván Abanades Medina
VOCES PIDIENDO ¡TOROS!
En el segundo no pasó nada con el capote. ¡Con lo que ilusiona siempre el capote de Juan Ortega, eclipsado ahora! Devuelto el titular por blando. Primer sobrero, de José Vázquez, que luce dos puñales pero tan pocas fuerzas como el devuelto. Puyacitos simulados. Y otra vez las voces a compás exigiendo «¡toros»! Toro por el suelo en cada cite. Trasteo breve en clima de desesperación. ¿De quién es la culpa, de quién?
En el quinto, de La Ventana, no se confió Ortega, siempre el paso atrás. De la desesperación a la decepción.
Foto: Iván Abanades Medina
UN TORO AL CORRAL SIN BRONCA
El tercero, el de más volumen al menos no blandeó y llegó. Y tomó la muleta de Aguado con cierto brío. Toreo por la derecha ligado pero a media altura y sin ajuste. Al natural se apaga el toro y baja el ritmo inicial. Ninguna emoción, y «petardo» grande con los aceros. Los tres avisos. Y algo incongruente, con el toro agonizante aculado en tablas y mientras salen los cabestros para llevárselo a los corrales para escarnio del torero, se arranca la banda con un inapropiado pasodoble. ¿A qué viene la música en esa muerte tan cruel del toro? Finalmente lo despenó el puntillero de un certero cachetazo desde la tronera del burladero más cercano. Y se acabó la farsa.
La gente pitó, pero no fue esa bronca que hace treinta o cuarenta años encendía la plaza en casos así. Madrid, Madrid… Y habrá que ver si esto tiene repercusión. Por lo visto, a Aguado, plin.
Luego saldría en el sexto a un quite sin mayor relieve. Y la gente como si tal. Sólo le pitaron para apremiarle, que tomara la espada de una vez para acabar con tanta mentira.
Vaya petardo de los tres (toreros) y de los ocho (toros en total que saltaron al ruedo, incluidos los devueltos).
«¡Nooooo-vi-lleee-ros!» fue el último y definitivo grito en la tarde. A ver si se aplican el cuento.
Fotos: Iván Abanades Medina
José María Manzanares: estocada atravesada (silencio); y estocada desprendida (silencio).
Juan Ortega: estocada (silencio); y estocada casi entera desprendida (silencio).
Pablo Aguado: media trasera y quince descabellos (tres avisos, toro al corral y pitos); y pinchazo y media estocada (silencio).
En cuadrillas, Iván García prendió un soberbio par al tercero, aunque no se desmonteró a falta de la autorización de su jefe de filas, Aguado.
La plaza registró el acostumbrado lleno de «no hay billetes» en tarde de calor.
