San Isidro – 10ª de Feria

EL TOREO VERDAD DE VENEGAS, UNA OVACION CON SABOR A OREJA

Por Juan Miguel Núñez Batlles

La maestría, el valor y la honradez de José Carlos Venegas prestaron suma importancia a la tarde de este miércoles en Las Ventas de Madrid. Y es que, difícil, por no utilizar un término peyorativo que ponga en entredicho a la ganadería, fue la papeleta que tuvieron que resolver él mismo y sus compañeros de terna enfrentados a los toros de «Saltillo», en el décimo festejo de la Feria de San Isidro que se está celebrando en Madrid.

Toros que por estampa y juego impusieron y exigieron lo suyo. Y tres toreros de ejemplar arresto y diferentes estilos; y si se quiere también de capacidades diversas. Un punto en común en los tres: el oficio. Un dato que evidencia esa suficiencia y disposición: en los cinco primeros, cinco estocadas. En el sexto se le atascó la espada a Juan de Castilla, con quien hay que ser indulgente dado que está en plena recuperación de un muy grave percance -fractura de tibia y peroné además de una extensa cornada en el muslo derecho- sufrido a principios de este año en la Feria del Cafe de Manizales, en su Colombia natal.

VENEGAS, EL CLASICISMO, TOREO VERDAD

Y metidos ya en los pormenores de la tarde, hay que detenerse en la exclamación por el toro que abrió plaza. Impresionante por su alzada y pitones, y por la forma de moverse, con la cara alta. Venegas lo recogió con lances poderosos. Bravo al empujar con fijeza en el primer puyazo, y perdiendo esa condición en el siguiente, repuchándose. El toro no humilló nunca, conviene precisar. No obstante, el brindis al público fue clara señal de compromiso por parte del torero jiennense, que lo esperó sin titubeos y «lo llevó», locución que se refiere al mando del hombre sobre el animal.

Venegas hizo el toreo fundamental en su máxima y mejor expresión, de arriba abajo, obligando a humillar al astado, y llevándole lo que se dice muy toreado. Dos tandas diestras, una más al natural en la que al toro le costaba más; y cierre de nuevo por la derecha. Una labor suficiente y en muy buen tono por la firmeza y el poderío, también con notable fórmula artística. Faena en definitiva de maestría, valor y honradez. Ni una alharaca ni ademán exagerado de bullicio con el tendido. Pura seriedad y clasicismo. El toreo verdad. Y la estocada. El público, demasiado frío, no había entrado aún en la corrida. Y lo que hubiera sido una oreja con la tarde más avanzada, se redujo a una sencilla ovación; o no tan sencilla, pues sonaron los aplausos grandes y muy cariñosos.

El cuarto, amplio de sienes y muy astifino, como toda la corrida. Se frenó en el capote. Emplazado y sin fijeza. En varas empujó primero con un sólo pitón, y desentendido en el segundo al que acudió al relance. Malos síntomas. El toro «se metía» por dentro, y con la cara por las nubes, probando y repartiendo gañafones, cornadas al aire. Toro con evidente peligro, que pegó oleadas hasta con la espada dentro. Menuda papeleta con tamaño regalo, que pese a todo Venegas resolvió con soltura y capacidad lidiadora.

Por tantas cualidades y la integridad de su toreo, Venegas merece volver a Madrid. Lo justo sería en una corrida de especial significado. ¿La Virgen de la Paloma el 15 de agosto? La empresa tiene la palabra.

Fotos: Iván Abanades Medina

LA DISPOSICIÓN DE JUAN LEAL

El segundo, un toro revoltoso, desentendido en los capotes y con mal estilo en el caballo. Muy dispuesto Juan Leal para sujetarlo en la muleta, ya que tenía tendencia a irse entre pases. Toro desrazado que no regaló ni una embestida clara. Para sacarle los pocos pases que tenía, primero hubo que perderle pasos para evitar que se sintiera vencido, y al final correr detrás de él, ya que terminó huido. Estuvo digno el torero francés.

El quinto, «remiendo» de Couto de Fornilhos, fue abanto de salida, como se califica al toro huido que corretea a su aire. Suelto en el primer encuentro y seguidamente puyazo con mal estilo. Toro que rebañó en banderillas. Y embistió desordenadamente en la muleta, sin fijeza y sin celo. Leal no se arrugó, poniéndose a torear directamente, sin probaturas. Empero pudo más la mala condición del deslucido astado.

Fotos: Iván Abanades Medina

EL SEXTO, EL ÚNICO QUE HUMILLÓ

Y un paréntesis antes de entrar en el relato por Juan de Castilla. Porque llama la atención que su primer toro, tercero de la tarde, llevara el nombre de «Granadino». Pues hay que advertir del mal gusto que hay que tener para bautizarlo así. ¿Acaso no sabe respetar el ganadero la historia del toreo? Porque «Granadino» se llamaba el toro de Ayala Hernanos que el 11 de agosto de 1934, en la plaza de Manzanares (Ciudad Real), acabó con la vida de Ignacio Sánchez Mejías, el polifacético torero, mecenas de la Generación del 27, cuya muerte inspiró el famoso poema «Llanto por Ignacio Sánchez Mejías» de Federico García Lorca.

Y bien. Breve y garboso saludo capotero de Juan de Castilla a este «Granadino», en el que se lució igualmente Venegas en un quite por gaoneras en su turno. Venegas estuvo en todas, hay que revelar; incluso aclamar. Juan de Castilla abrió faena de rodillas corriendo la mano con notable disposición. Toro que aparentemente humillaba, pero punteando al final del muletazo. El colombiano alternó las dos manos para evitar que el de Saltillo «se orientara», y aún así al conjunto le faltó limpieza.

El toro más completo de los seis, el sexto, tuvo buen son, arrancándose de largo, humillado y con repetición por los dos pitones. De Castilla, sin embargo, no le cogió el aire hasta bien avanzado el trasteo. Y el animal terminó imponiendo su ley.

Fotos: Iván Abanades Medina


FICHA DEL FESTEJO.- Cinco toros de Saltillo y uno, el quinto, de Couto de Fornilhos, grandes, astifinos y mansurrones. Corrida exigente que colaboró poco con los toreros.

José Carlos Venegas: estocada casi entera (ovación); y estocada casi entera trasera y tendida, y descabello (silencio).

El francés Juan Leal: estocada casi entera y tendida (silencio); y estocada trasera, tendida y desprendida (silencio tras aviso).

El colombiano Juan de Castilla: estocada habilidosa (ovación tras aviso); y estocada suelta que «escupe», cuatro descabellos y media estocada (silencio tras aviso)

En cuadrillas, Iván García y Fernando Sánchez se desmonteraron tras parear al cuarto.

La plaza casi se llenó en tarde muy agradable.