San Isidro – 5ª de Feria
PARTIDO DE RESINA, RÉCORD DE TABARRA
Por Juan Miguel Núñez Batlles
La memoria del toreo en más de cincuenta años, no alcanza a recordar una corrida tan deslucida y de tanta tabarra como la de este miércoles en Las Ventas de Madrid, el quinto festejo de la Feria de San Isidro. Y todo por los diabólicos toros de Pablo Romero que desde hace 28 años llevan el nombre de Partido de Resina.Toros reconocibles por su armónica y equilibrada morfología, además de sus capas o pelajes cárdenos y entrepelados que lo hacen lucir como un animal bello y admirable. Una apreciación que cambia radicalmente cuando se entra a valorar su comportamiento. Porque se trata de un animal impetuoso, de genio y condición muy vivos, sobre todo en los dos primeros tercios de la lidia; y que suele venirse abajo conforme se le hace frente.
No humilla lo suficiente, con la cara natural, que es como decir a media altura, y que generalmente marca querencias y define su propio territorio. Toro en estos casos arisco para embestir, sin entregarse del todo.
Los que saltaron en esta ocasión al ruedo venteño, llevaban esas marcas muy acusadas, de una horrenda mansedumbre. Y así, no haría falta advertir, no hubo manera de ponerse delante de ellos.
FIRME, ENTREGADO Y RESUELTO FERRERA
Y bien que lo intentaron los tres toreros en el cartel, sobre todo el director de lidia, Antonio Ferrera, el extremeño que torea con una capita celeste marca Blancanieves, de una extravagante singularidad. Todo fue puro trámite en su primero, toro que apenas sangró en varas, y cuyas opciones en la muleta fueron prácticamente nulas. Lo único notable del trasteo, la brevedad.Fue en el cuarto donde Ferrera dio una gran dimensión, de torero con oficio y arrestos, de seriedad y responsabilidad.
El de Partido de Resina se movía a su aire. Tirando cornadas al peto en el primer encuentro; arrancándose de largo en el siguiente, pero de mentira, porque al sentir el hierro se iba huyendo. Entró una tercera vez, y de nuevo doliéndose y suelto. Esperó en banderillas. Lo que se dice «un regalo». En la muleta, a empeñones por uno y otro lado. Empero Ferrera no se rindió. Y a base de insistir, muy firme y entregado, logró pases espaciados, alguno de buen corte, en faena larga y a más. Más de lo que el toro tenía y merecía. Sonó un aviso estando toreando. Esforzado y resuelto Ferrera, y dadas las circunstancias, hasta brillante.
Fotos: Iván Abanades Medina
«CALITA», SIN «MATERIAL»
El segundo galopó de salida, pero se frenó pronto. Pasó por el caballo sin decir nada, muy pendiente «Calita» de que el castigo fuera minimo. En las probaturas apenas empujó el toro y rematando los viajes con la cara alta, medio «rajado». No quedó otra que entrarle a matar, cosa que llevó a cabo «Calita» con poco acierto.El quinto, rebotado en el caballo. Siempre sin descolgar, no fue fácil en la muleta, yendo a menos y sin dar respuesta a la insistencia de «Calita».
Fotos: Iván Abanades Medina
COLOMBO, POR LA VÍA DEL DESCARO
El tercero se tropezó en el capote de Colombo en el recibo, y «se dejó» sin más en el caballo. Tomó Colombo «los palos», cumpliendo con ese estilo bullidor que le caracteriza; y esta vez clavó tres pares sólo discretos. En la muleta iba el toro distraído y con la cara arriba. Menos toro por el izquierdo. Colombo no pudo llegar más allá de los medios y espaciados muletazos. Le sonó el aviso antes de entrar a matar.El sexto, remiso para acudir al caballo, y no se diga en banderillas. Que si fue difícil picarle, con «los palos» lo nunca visto. Tuvo que desistir Colombo de banderillearlo, algo insólito después provocarle en todos los terrenos y distancias. El toro, agarrado al piso, esperándole. Menuda papeleta, resuelta por la vía del descaro al entregarle los garapullos a los hombres de su cuadrilla, que tampoco fueron capaces. Ni el matador ni su gente probaron atacar a la media vuelta como recomendaban las tauromaquias antiguas.
Con sólo dos «palos», el presidente, otro incompetente, se cambió el tercio. Flagrante transgresión al reglamento, que señala han de ser mínimo cuatro banderillas en el lomo del animal abtes de pasar a la muleta.
Fotos: Iván Abanades Medina
Antonio Ferrera: estocada trasera atravesada (silencio); y estocada caída (aviso y ovación)
El mexicano Ernesto Javier «Calita»: metisaca, dos pinchazos y estocada desprendida al encuentro (silencio); y estocada (silencio).
El venezolano Jesús Enrique Colombo: pinchazo hondo y dos descabellos (aviso y silencio); y más de media caída y perpendicular (pitos).
La plaza registró más de tres cuartos de entrada en tarde de sol y rachas de viento fresco.
