San Isidro – 4ª de Feria (Novillada)
ÓLE, LA GANADERÍA DE MONTEALTO; Y ÓLE, EL NOVILLERO ÁLVARO SERRANO
Por Juan Miguel Núñez Batlles
Qué estupenda conjunción de toro y torero, en este caso novillo y novillero, este miércoles en el primer festejo menor del ciclo isidril, en Madrid. Hasta ahora, el gran acontecimiento de la Feria. Un novillo, de nombre «Molinero», estupendo toque final al conjunto de una distinguida y magnífica novillada de «Montealto». Cómo embistió el animal. Y enfrente, la ambición de quien tiene el toreo en la cabeza, y aún más, en el corazón.
Excelente alianza entre ambos. Por la bravura y la clase del astado, su admirable forma de embestir; y por la capacidad de valor y arte, aplomo y torería del joven torerillo, advirtiendo que el «illo» no es diminutivo que subestime su talento y estilo, al contrario, lo hace aún más estupendo y asombroso al estar todavía, con veintidós años, se supone que en etapa de aprendizaje.
EL PRIVILEGIO DE LA MADUREZ
Pero Álvaro Serrano, hay que proclamarlo, ya tiene demostrado el privilegio de la madurez. De tal manera que se veía venir, desde hace 11 días, el primero de mayo, cuando debutó en esta misma plaza, y entonces la espada le cerró la Puerta Grande. Empuje y torería fueron sus virtudes muy cantadas en este medio, LA LIDIA (del siglo XXI).
Y esta vez más y mejor, muy centrado y crecido. Álvaro Serrano sabía bien lo que hacía para lo que iba a venir.
Muy puesto, en la distancia justa. Y a la velocidad que él marcaba, eso se llama el temple, facultad que viene del mando y el poderío. Y la ligazón y limpieza, y la mano baja que arrastra media muleta y da extraordinaria profundidad a la acción. La coda o colorario, otro pasaje soberbio, de pura filigrana, a base de trincheras, cambios de mano, pases de la firma y kikirikis de ayudados a dos manos, ejecutados con los codos más altos para elevar la gracia del muletazo.
Qué manera de torear. Claro que, hubiera sido falta gravísima no estar a la altura de tan estupenda coyuntura, ni más ni menos que la clase y la bravura del lote; sobre todo, el sexto novillo.
A PUNTO DE TIRAR POR LA BORDA UN TRIUNFO APOTEÓSICO
Y pensar que Serrano debió tener asegurada la salida a hombros sólo con su primera faena, y cuando estaba a punto de un doble trofeo en el otro después de la estocada que parecía suficiente y, no obstante, la demora en doblar el astado y los reiterados fallos del puntillero, pusieron un revés que casi le cuesta el tercer aviso. Finalmente, certero descabello y la oreja que significó la Puerta Grande.
A partir del entusiasmo y el ardor puestos en el relato de «lo» de Álvaro Serrano, sería recomendable finalizar aquí la crónica; no hablar más, para no hablar mal, de los otros dos alternantes. Aunque también sería injusto obviar el juego del completo y espléndido envío de «Montealto».
LOS BRAVOS «MONTEALTOS»
Bravos, muy bravos los seis, con derribos incluidos. Sólo el quinto se fue suelto en el segundo encuentro con el caballo, y en la muleta algo parado y la cara a media altura.
Bravo en el caballo, hay que insistir, el primero, al que banderilleó Iván García con guapeza y arrojo. Bastos no dijo nada destacable en éste. Y en todo caso le dijeron a él. «Se va sin torear», proclamó un justiciero desde un tendido alto de sol. La muerte del novillo fue de bravo total. Como bravo resultó igualmente el cuarto, en el que abrió faena de rodillas en la boca de riego pero sin esperarle lo suficiente. Todo el trasteo de pases de uno en uno, sin mando ni garbo. Próximo a tomar la alternativa este Bastos, tendrá que mejorar mucho en actitud (con c) y aptitud (con p) para caminar en el escalafón superior.
Fotos: Iván Abanades Medina
MORILLA, NI MANDO NI ESTÉTICA
Asimismo el segundo, primero de Martín Morilla, fue bravo y con poder, derribando en el primer encuentro. Y a propósito, ya en éste anunció Serrano sus proposiciones, en un quite por chicuelinas en su turno. En la muleta acudió el novillo a todos los cites, repitiendo por abajo, por uno y otro pitón.
Empero allí faltó mando y estética. Morilla toreó «a la voz» y forzada compostura. Dicho a modo de sentencia otra vez el mismo «justojuez» le gritó lo de «se va sin torear». Qué mala suerte tuvieron «los montealtos».
El quinto, queda reflejado que manseó algo en el caballo. Y otro quite sobresaliente de Serrano. Muleta en mano Martín Morilla estuvo en plan pegapases, uno aquí y otro allá, aburrido y aburriendo.
Fotos: Iván Abanades Medina
COMPLETÍSIMO SERRANO
Volviendo a Serrano hay que significar que lo suyo no fue solo la muleta. Intervino en todos los quites, y en todos brilló. Buenos lances en el recibo al tercero, otro bravo de qué manera, al que se picó mal, y de ahí la consabida censura de «picador, qué malo eres». Una escuela de picadores está haciendo falta.
Serrano tapó las contrariedades poniendo al astado de largo. Y un lucido quite. También Bastos intervino por chicuelinas. Y réplica de Serrano por delantales. Pronto se iba a dejar ganar la pelea.
Hizo viento en la muleta, pero no fue impedimento, pues está claro que cuando se quiere, se puede. Serrano estuvo firme y poderoso, muy entregado. Asimismo el novillo para adelante. Estoconazo y primera oreja con petición de la segunda.
Hubo otro detalle en el sexto, reflejo de sensatez y torería, cuando al verse apurado en el recibo, después de que el astado le quitó el capote de una mano, resolvió con un airoso lance a modo de larga cambiada de pie.
Pura torería. Bravo en dos puyazos, por fin un picador aplaudido. El novillo, el notable «Molinero», llegó galopando a la muleta, y Serrano firmó una faena cumbre que hizo de la plaza un manicomio de olés.
Contada queda al principio de esta crónica, que ha de terminar con esta reflexión: ya pueden venir tardes malas; que bastará con recordar «lo» de «Montealto» y Álvaro Serrano. Punto.
Foto: Iván Abanades Medina
FICHA DEL FESTEJO.- Novillos de Montealto, muy bien presentados, bravos y de muy buen juego a pesar de un pequeñísimo lunar en el quinto, y destacando sobremanera el sexto, para el que se pidió la vuelta al ruedo, pero el presidente no se dió por enterado.
Tomás Bastos: estocada trasera (silencio tras aviso); y dos pinchazos, media y estocada (silencio tras aviso).
Martín Morilla (nuevo en esta plaza): pinchazo y bajonazo (silencio); y pinchazo y estocada perpendicular y atravesada (silencio).
Álvaro Serrano: buena estocada (una oreja con fuerte petición de la segunda); y estocada traserilla ligeramente contraria y atravesada, dobló y lo levantó el puntillero dos veces, y descabello (oreja tras dos avisos).
Cuadrillas: Iván García saludó tras parear al primero. Y a caballo, Héctor Vicente picó bien al sexto.
La plaza registró tres cuartos en tarde soleada y fresquita con intervalo de ligero sirimiri a la muerte del tercero.
