San Isidro – 3ª de Feria
UN GRAN TORO DE MAYALDE LE BRINDA A ROMÁN LA OPORTUNIDAD DE SU VIDA
Por Juan Miguel Núñez Batlles
Un gran toro en la tarde, sin embargo, no encontró el torero capaz de encumbrarse con él. El animal, de nombre «Enarbolado», de la ganadería de Conde de Mayalde, ya está en el cuadro de honor de lo más sobresaliente que va ocurriendo este San Isidro.
Román puede estar contento por haberle cortado una oreja, claro que sí; pero no satisfecho, porque era de dos. Quién sabe si volverá a tener Román una oportunidad tan grande para poner su carrera, su caché artístico, en lo más alto.
Aunque ahora no se trata de pedirle cuentas al torero; pues lo hecho, hecho está, de acuerdo a la sentencia del dramaturgo inglés William Shakespeare en su obra «Macbeth», en la que se dramatiza los traumas, tanto físicos como psicológicos, de la ambición. Y, hay que advertir que, en la faena de Román al toro que pudo haberle cambiado la vida, profesionalmente hablando, no hubo desorden ni desproporción.
Sencillamente que las críticas elogiosas o en contra habrán de acomodarse también al mensaje de un dicho muy popular: quien da lo que tiene no está obligado a más.
Eso pasó con el torero valenciano y el extraordinario ejemplar de Mayalde. No hay que buscarle más vueltas.
«ENARBOLADO», UN TORO MEMORABLE
«Enarbolado», que dio en la báscula 540 kilos, lució entipado, sin exageraciones de volumen; con cuajo y pitones. Toro serio y suficiente para contentar a la entendida y exigente, a veces también intransigente, afición de Madrid.
Algo muy bueno de su matador, y que hay que agradecer, fue cómo lo condujo, dejándolo «ver» de largo. Cumplió el toro sin estridencias en el caballo. Y fue en la muleta, desde el primer cite, donde «rompió» a embestir, largo y por abajo, con un ímpetu y una clase algo memorable.
Empujaba y empujaba el engaño, muy fijo y humillado, y no había terminado de pasar cuando estaba «ahí» otra vez, en guerra incansable. Eso además, por los dos pitones.
Qué emoción en el público. Palmas y olés que echaban humo en ambiente de frenesí. Y todo por el toro; mientras a Román, sin llegar a estar desbordado, se le notaba algo tenso por lo que se le venía en cada cite; mejor y con más brío si cabe, por el pitón izquierdo.
Y con la tosquedad de su estilo, brusco sobre todo cuando quiso pavonearse de artista y le salieron tropezados los remates por abajo, Román culminó entre algunas dudas. Está claro que lo suyo es sobre todo eso, voluntad y entrega; de ahí los enganchones cuando la calma no acompaña al alma.
La estocada fue al encuentro; otra muestra de irrefrenables ganas.
Cortó la oreja, y no le pidieron la segunda. Mal asunto con la oportunidad del gran toro que tuvo.
Pero él tiene que disfrutar y guardar en su corazón esta tarde. Que una oreja en Madrid no es poco.
En su toro anterior, blando y deficientemente picado, estuvo casi siempre fuera de cacho y sin dominar la situación.
Fotos: Iván Abanades Medina
GALVÁN, EN LAS APARIENCIAS
El director de lidia, David Galván, terminó matando los dos sobreros de Bohórquez. Tuvo clase y empuje el primero, sobre todo por el pitón izquierdo. Pero Galván estuvo sólo en las apariencias, sin terminar de meterse con él a fondo, y a pesar de que el trasteo fue tan largo que hasta le llegó el aviso antes de montar la espada.
Atropellado Galván por el tercero, en un quite en su turno, fue llevado a la enfermería, de donde salió para estoquear al segundo de su lote ya en sexto lugar.
El otro de Bohórquez. Mal lidiado, peor picado y desastrosamente banderilleado. Se hizo el amo en los dos primeros tercios.
Más controlada la situación en la muleta, Galván lo pasó por ambos pitones con suficiencia y cierto encaje, pero aquí ya sin aportar emoción el astado.
Fotos: Iván Abanades Medina
CABALLERO, PADRINO DE MARÍA
La lucha contra el cáncer que libra la sociedad tiene en la figura del joven diestro Gonzalo Caballero un significativo valedor, identificado desde hace mucho tiempo con las tristezas de una preciosa niña, María, a cuya ejemplar personalidad sumaba el amor por el toreo.
Gran aficionada María, que no pudo superar el azote de la enfermedad. Caballero vino vestido de rosa para reivindicarla; y su homenaje esta vez fue un brindis con beso al cielo.
Y firmó Caballero lo más bonito de capote en la tarde, en su primer toro. Unos lances por delantales a pies juntos saliéndose a los medios.
El de Mayalde tuvo poca voluntad de embestir por la derecha. Ya por el izquierdo, en corto y «dejándosela», se desplazó más y mejor. Pero en dos tandas, una de ellas a derechas, se apagó.
El quinto apuntó a bueno al principio, pero pronto terminó parado, incluso un poco al acecho, «midiendo» al torero. Nada que hacer.
Fotos: Iván Abanades Medina
David Galván: estocada corta y descabello (aviso y ovación); y estocada (ovación).
Román: cinco pinchazos, estocada corta y dos descabellos (silencio tras aviso); y estocada al encuentro (oreja).
Gonzalo Caballero: pinchazo, media delantera y seis descabellos (silencio tras aviso); y pinchazo y estocada corta (aviso y palmas).
Por el percance de Galván al hacer un quite al tercero en su turno, se cambió el orden de lidia, lidiando Román en cuarto lugar su segundo toro.
En cuadrillas, saludaron Iván García en el tercero y Ángel Gómez en el quinto. Y David Pacheco estuvo oportuno y eficaz «cortando» en banderillas.
En la enfermería fue atendido David Galván de «puntazo en cresta iliaca posterior derecha y varias contusiones en la parrilla costal derecha y tobillo izquierdo», de pronóstico reservado pendiente de estudio radiológico.
La plaza rozó el lleno en tarde de nubes y claros, y con rachas de viento fresco que molestó más en el ruedo que en el tendido.
