San Isidro – 2ª de Feria
CORRIDA INSUSTANCIAL
Por Juan Miguel Núñez Batlles
De lo más sosa y desabrida, por su descarada mansedumbre, la corrida de «La Quinta», lidiada este sábado en Las Ventas, segundo festejo del ciclo isidril. Tanto que dan ganas de no entrar en detalles en el obligado relato de la misma. Dicho en dos palabras, fue mortificante.
Pues qué aburrimiento y desesperación, tanto en los tendidos como en el ruedo por el juego de los astados. Y de no evitar ahora los vértices y aristas en el relato, «esto» podrá parecer un perfecto y cruel ejercicio de sadismo. No, por Dios. Ya se penó bastante en la plaza.
EL SEXTO, EXCEPCIÓN
Así que no habría que respetar la cronología de la tarde, y pasar directamente al último, que fue el único de los seis ejemplares de «La Quinta» que brindó ciertas posibilidades para hacer el toreo. La clave, la pujanza y acometividad del toro.
Pero Rufo, el agraciado con la suerte, sin embargo, tampoco aprovechó convenientemente la oportunidad de mantener encendida la luz de la esperanza, a partir de que el toro, en la apertura de faena con la muleta, se echara de pronto y definitivamente para adelante. Hubo derechazos y naturales en fases de buen ritmo. Pero como quiera que el diestro quedaba descolocado entre pases al no andar lo suficiente y convenientemente cruzado, aquello no tomó el vuelo qué se presumía.
Torpón Rufo, destemplado y sin la garra que se requiere en momentos tan cruciales. Y por si faltaba cuando entró a matar la espada se le negó. Tendrá que ir a la repesca.
Y aquí habría que dar por finalizado el relato de lo que fue la función, para no cansar y aburrir con los pasajes que se refieren a los recibos de capote sorteando regates, así como los rebotes de los toros al llegar al peto, las tarascadas con la cara arriba, las embestidas cortas y todos los detalles de la más absoluta mansedumbre.
Foto: Iván De Andrés Osorio
ELOGIOS A LUQUE
Pero igualmente para ser justos, hay que elogiar unos mecidos y templados lances a la verónica de Luque en el saludo al segundo. Y también en este toro un quite del mismo Luque por tijerillas. Toreo muy vistoso, con especial gracia.
Y por último, el inicio de faena de muleta al mismo astado, recetando una tanda a derechas de mucho relajo y distinguido empaque. Pero el toro, con la cara natural, sin humillar lo suficiente, no se empleaba. Y cuanto más le exigía, a peor.
Bien Luque por intención y formas, y eso que no tuvo respuesta favorable del toro.
El quinto también volvió ancas en el caballo. Y aquí el trasteo fue largo y no dejó ningún poso.
De Rufo ya está dicho lo que fue y no fue capaz en el sexto. Y añadir que insistió mucho frente al tercero, toro con la cara arriba y sin recorrido. Esforzado y forzado, también abusó mucho del pico.
Foto: Iván De Andrés Osorio
PERERA, SIN COMENTARIOS
Y de Perera, con un lote todavía peor, valdría no comentar nada. No está el hombre en buen momento.
La verdad es que la prueba de los de «La Quinta» fue dura. Muy dura. Dureza a partes iguales para público y toreros.
El ganadero sabe ahora lo que tiene que hacer. Y no le debe temblar el pulso para hacerlo.
Foto: Iván De Andrés Osorio
Toros de «La Quinta», con cuajo y pitones, y sin exageraciones de kilos. Corrida pareja, bien presentada, pero falta de casta. La mansedumbre lo inundó todo en la tarde. Aunque el sexto fue la excepción, toro encastado y con claros indicios de bravura.
Miguel Ángel Perera: sartenazo y ocho descabellos (pitos); y dos pinchazos y estocada trasera (pitos).
Daniel Luque: pinchazo, estocada y descabello (silencio); y estocada corta y descabello (silencio tras aviso).
Tomás Rufo: dos pinchazos, estocada pescuecera y dos descabellos (silencio tras aviso); y estocada y tres descabellos (silencio tras aviso).
En cuadrillas, Antonio Manuel Punta y Jesús Arruga saludaron tras banderillear al segundo. Y Sergio Blasco y Fernando Sánchez hicieron lo propio en el sexto. Daniel Duarte bregó con eficacia en el cuarto. Y a caballo, Juan Melgar picó con energía y arrojo también al cuarto.
Lleno de «no hay billetes» en tarde despejada después de un fuerte chaparrón.
