Las Ventas – Festejo número 58 de la Temporada (Novillada) 6° de la Feria de Otoño

¿A QUIÉN SE LE OCURRIÓ, SEIS NOVILLOS PARA UN NOVILLERO AÚN POR HACER?

Por Juan Miguel Núñez Batlles

Se preguntaba el personal antes de comenzar el festejo a cuento de qué una novillada en Madrid con seis astados de otras tantas ganaderías para un novillero en solitario. El nombre de Álvaro Serrano sonó fuerte cuando debutó en esta plaza a primeros de mayo, ocasión en la que saludó dos prometedoras ovaciones, y al abrir la Puerta Grande unos días después. ¿Pero fue tanta la resonancia como para comprometerle a esta gesta? Y siguen las interrogantes: ¿lo pidió él, o se lo ofrecieron? El caso es que la empresa, y sobre todo el apoderado, no midieron bien las posibilidades de triunfo o de fracaso que se podían presentar en la apuesta. No se ha tenido en cuenta que Álvaro Serrano está todavía por hacerse. Y en el toreo, se ha dicho siempre, las precipitaciones no son buenas. Otra coyuntura que debió tenerse en cuenta es el percance que ha sufrido este año después de «lo» de Madrid, en Dax, una fractura vertebral que le ha tenido más de veinte días sin poder torear, lo que en cierto modo le ha impedido importantes comparecencias. Es verdad que para esta ocasión se cuidó el capítulo ganadero, seleccionando novillos en general muy toreables. Y se le notaba a Serrano muy mentalizado para hacer las cosas bien, fruto de ello, por ejemplo, la variedad en quites que puso en práctica en los tres novillos que tuvo oportunidad de lidiar, antes de ser herido. Pero lo desbarató todo la inoportuna desgracia de la cornada. ¿Que se precipitó entrándole las prisas presumiblemente al comprobar que se había dejado escapar un triunfo clarísimo y que debió ser rotundo para embalar la tarde a partir del excelente primero? Circunstancia ésta más que probable.

EL BUEN NOVILLO DE DOMINGO HERNÁNDEZ

Pues fue el primero, novillo de Domingo Hernández, bueno, buenísimo por los dos pitones; pronto, noble y con recorrido. Aguantó muchos capotazos y mantuvo su clase durante la faena de muleta, que resultó larga, variada y hasta enjundiosa, pero «sin romper», nada rotundo. Muchos pases, pero sin la hondura y la profundidad que pedía el astado. Y desde luego le faltó relajo, ese gusto y regusto de las cosas bien hechas. Finalmente la espada, atravesada, frenó el pañuelo del presidente pese a la insistencia en la petición de trofeo. Escuchó una gran ovación, sólo eso.

Foto: Iván Abanades Medina

NADA CON EL DE FUENTE YMBRO, Y EL DE MAYALDE LO MANDÓ A LA ENFERMERÍA

Novillo blando el segundo, de Fuente Ymbro, no aportó lo suficiente para encarrilar la tarde. Hizo tercero un novillo de Conde de Mayalde que soltaba la cara y se metía por dentro, inconvenientes a los que no echó cuentas Serrano, que quiso torearlo como si allí no pasara nada. De hecho se anotó cosas buenas, remates por bajo y algún muletazo con sabor. Pero sin unidad. Trasteo deslavazado en el que abundaron pasajes de mucha precipitación; y entre las prisas, un volteretón cornada incluida.

Fotos: Iván Abanades Medina

SUSPENSE CON LOS SOBRESALIENTES

A la enfermería en manos de las asistencias, y suspense por la situación. Salió finalmente el primero de los dos sobresalientes previstos, un desconocido y presumiblemente incapaz Héctor Roberto, que sin más preparativos acertó por sorpresa con una estocada de la que el novillo salió rodado, y él, huyendo despavorido para saltar la barrera, lo que en el argot llaman «tomar el olivo». Antes de salir el cuarto, de Luis González Conde, hubo acuerdo entre los dos sobresalientes, con la conformidad del presidente, para alternarse en la lidia de los tres astados que faltaban por lidiarse. Así, se hizo presente en éste Aitor Fernández. Y fue una agradable sorpresa, pues no se dio mala maña, todo lo contrario, lanceando con cierta soltura. El novillo, con apariencia de toro. Brindis a la puerta de la enfermería, al compañero herido. Y trasteo muy digno; si no brillante por las limitaciones que a la postre impuso el astado, que se quedaba corto y no permitía desahogos. No valían confianzas, y por eso se aplaudió en los remates de serie el aguante, el valor y el talento del sobresaliente. Muy bien Aitor Fernández, por firmeza e ideas claras. En el quinto volvió a salir Héctor Roberto. El novillo de Montealto, con empuje y «transmisión». El hombre hizo el esfuerzo para suplir su falta de preparación. Y esta vez hay que aplicarle con toda justicia el eufemismo de la voluntariedad. No volvió la cara Héctor Roberto cuando el compromiso era fuerte. Ya en el sexto, de Julio de la Puerta, otro buen novillo, Aitor Fernández llegó a entusiasmar con dos pases cambiados en la apertura de faena; una tanda a derechas, y hasta ahí, perdiéndose con la espada en una sucesión de pinchazos. Fue lo que dio de sí, o no, la novillada. Una función pensada para una gesta triunfal con protagonista destacado en el cartel, que pudo ser la gran oportunidad para los modestos sobresalientes. Pero tampoco.

Fotos: Iván Abanades Medina

FICHA DEL FESTEJO.-
Novillos, por orden de lidia, de: Domingo Hernández, bravo y con clase; Fuente Ymbro, blando y de embestidas escasas; Conde de Mayalde, de bravura mentirosa, empujando al llegar al caballo, pero yéndose suelto; Luis González Conde, grande y quedándose corto; Montealto, con poder y mucha clase; y Julio de la Puerta, encastado y muy toreable.

Álvaro Serrano, como único espada: estocada atravesada (ovación tras fuerte petición); dos pinchazos, estocada atravesada y dos descabellos (silencio); herido en el tercero, lo pasaportó Héctor Roberto de estocada (silencio); en el cuarto intervino el segundo sobresaliente, Aitor Fernández, con metisaca y estocada algo trasera y desprendida (ovación tras aviso); en el quinto, de nuevo Héctor Roberto, con dos medias estocadas tendidas y tres descabellos (silencio); y finalmente Aitor Fernández en el sexto, cinco pinchazos (palmas tras aviso).

En cuadrillas, Iván García saludó tras banderillear al segundo; y Víctor del Pozo en el quinto.

En la enfermería fue intervenido quirúrgicamente bajo anestesia general Álvaro Serrano de «herida en el tercio de la cara interna del muslo derecho, con trayectoria ascendente de 20 centímetros que contusiona arteria femoral y produce destrozos musculares en aductores e isquiotibiales. Pronóstico grave». Trasladado en ambulancia a la clínica madrileña «La Fraternidad» donde quedó ingresado.

La plaza rozó el lleno en tarde espléndida.