Las Ventas – Festejo número 54 de la Temporada (2° de la Feria de Otoño)
LA HONDURA DE URDIALES EN MEDIO DEL DILUVIO
Por Juan Miguel Núñez Batlles
Incomodidad en el ruedo para los toreros, que se las vieron y desearon con una corrida de Alcurrucén con menos gracia y fundamento que una partida de ajedrez por radio. Y malestar y molestias en el tendido para los espectadores por la contrariedad de la lluvia, un diluvio en toda regla, como pocas veces se ha visto en una plaza de toros descubierta.
Aguacero, o manta de agua, según el dicho popular aplicado a la lluvia intensa, repentina y abundante, que naturalmente afectó también a los diestros en acción, más concretamente a Diego Urdiales, que en ese momento estaba en plena faena al primero de la tarde.
Urdiales, que fue recibido con una cariñosa y fuerte ovación en recuerdo de su última y magistral actuación en esta plaza, el pasado mayo, saludó al primero con lances de trámite y posterior y entonado quite por chicuelinas con remate de media de mucha categoría.
En varas solo cumplió el de Alcurrucén. Y ya muleta en mano calentó Urdiales a partir de la tercera tanda, por naturales. Pero qué naturales, de increíble parsimonia, hondura y exquisitez. Algo así como la perfección del toreo con nota sobresaliente. Y fue, qué coincidencia, cuando rompió a llover. La faena, embalada; y menuda la que cayó de pronto.
NI EL BUEN DRENAJE DE LAS VENTAS PUDO CON TANTA AGUA
Ni el formidable drenaje del ruedo podía con tanta agua de la espesa e incesante lluvia. El torero de La Rioja quiso sobreponerse pese a todo, mas ya nada fue posible para seguir en ese buen son, mientras la parroquia huía en carrera despavorida, unos hacia los vomitorios que dan a las galerías interiores, y otros escaleras arriba para alcanzar las localidades altas cubiertas, donde acabarían apretujándose amigos y desconocidos en solidaria y lógica actitud, algo tan normal en estos casos. De pronto se hizo la ausencia entre toro y torero con los tendidos completamente vacíos; y aunque Urdiales siguió y consintió con ambición de triunfo, aquello ya no pasó de los detalles. Claro que, conviene insistir, aunque ya no hubo tanta unidad, qué detalles más toreros. De tal forma que, pudo haber oreja con espada más contundente.
Y en el cuarto, vuelta a eso que llaman detalles: pinceladas y trazos del toreo puro y clásico que no necesita «ruidos» para levantar pasiones; todo desde la finura, exquisitez y respeto por la ortodoxia.
Soberbio el capote de Urdiales, como inconmensurable su estética con la muleta. El tanteo inicial, y lo fundamental que vino seguidamente. Por la derecha y a más, a pesar de que la condición del astado frenaba la continuidad. Falta de ligazón, no obstante, que no impedía los destellos de unos naturales de frente y llevándose el toro atrás. De uno en uno, sí, sin hilván, pero qué bonitos naturales. Y otra vez, ay, faltó mejor determinación con los aceros.
Fotos: Alfredo Arévalo
FAENAS «PICOTERAS» DE FORTES
Fortes no tuvo su tarde, a pesar de que firmó también pasajes aislados de cierto interés, como el elegante saludo a la verónica al segundo, primero de su lote, en el que abrió faena por notables trincheras y un remate del desprecio. Se puso por la derecha, y esta vez ya despegado. Como en el toreo al natural, abusando del «pico». La faena tuvo también muchos enganchones, y en ellos dos desarmes. Final insulso por bernadinas, y aviso antes de montar la espada. Una carrera aterrorizado tras el segundo pinchazo con el toro «haciéndole hilo» ante la tardanza de la cuadrilla que no terminaba de llegar al quite.
El quinto aportó poco, paradote y soltando la cara. Y más de lo mismo de Fortes.
Fotos: Alfredo Arévalo
LA ENTREGA DE PAREJO CON DOS TOROS DE MALA CONDICIÓN
Dentro de lo poco que aportaron los toros, a Parejo le tocó el peor lote. Así y todo dejó constancia de una entrega sin reservas. Y hay que anotarle unos bonitos lances a pies juntos en el saludo al tercero, con sello de categoría.
Tardeó el toro las dos veces que fue al caballo. Y aquí un paréntesis para ensalzar otra vez a Urdiales, que al rematar un quite en su turno dejó una media verónica auténtico cartel de toros.
En la muleta «no sirvió» el animal, que Parejo quiso tomarlo de largo y por la derecha, pero algo despegado y sin poder someterlo. Sufrió una fuerte voltereta, y el toro le perdonó cuando estaba derribado y a merced. Ocurrió que el de Alcurrucén protestaba por arriba, y al bajarle la mano, al suelo. Desanimado Parejo optó por abreviar. Y en la estocada, quedándose en la cara y saliendo prendido, otro susto espectacular, 8 salvándose de milagro.
El sexto, en la línea de los anteriores, de muy mala condición. No lo tomó en cuenta el joven torero para emplearse de nuevo en una porfía de sincera entrega. Aunque fue más la expresión que el resultado final.
Fotos: Alfredo Arévalo
Diego Urdiales: pinchazo y estocada (gran ovación); y pinchazo, media tendida y descabello (ovación tras aviso).
Fortes: dos pinchazos y estocada (aviso y silencio); y media estocada y cuatro descabellos (silencio).
Christian Parejo: estocada saliendo prendido (ovación); y seis pinchazos y siete descabellos (silencio tras aviso).
La plaza se llenó, pero sin apreturas, en tarde entoldada de nubes gruesas que finalmente descargaron una impresionante manta de agua durante el primer toro, lo que obligó a interrumpir el festejo durante más de media hora.
