Sanfermines – 8ª Corrida
DOS TOROS Y PLENO DE RUFO
Por Juan Miguel Núñez Batlles
Corrida de dos toros. Sí, solo fue de dos toros la que cerró este martes la Feria. Dos «jandillas» de mucha calidad, conviene precisar. Pero únicamente dos de seis. Fueron dos toros buenos. Y con matices.
Aunque antes de seguir con el relato hay que resaltar el triunfo de Tomás Rufo, que hizo pleno cortando cuatro orejas precisamente a ese lote favorable. Tarde muy completa la de Rufo por técnica, compromiso e inspiración.
Pero hay que empezar por el ganado para situar la corrida en contexto. El tercero, por ejemplo, que embistió con mucha clase, es justo reconocerlo, en el caballo no dio la talla; y no se entiende que con esa limitación le premiaran con la vuelta al ruedo. El sexto, en cambio, cumplió un discreto tercio de varas, sin embargo, no tuvo el empuje y el buen ritmo que aquel en la muleta. En resumidas cuentas, fue mejor el sexto que el tercero. Y en cualquiera de los dos casos, resultaron ser animales sobresalientes por la calidad de sus embestidas.
Y por tanto, antes de profundizar en el relato de lo que fue la tarde, una advertencia: no hay error, ni intención oculta en el título de esta crónica que se refiere a «dos toros», solamente dos. El aviso o sugerencia es para quienes creyeron ver en el conjunto de los seis la gran corrida o corrida extraordinaria del serial sanferminero. Fueron tres -tercero, quinto y sexto- «jandillas» y tres -primero, segundo y cuarto- «vegahermosas»; al fin y al cabo, aunque con distinto hierro, el mismo encaste y casa ganadera.
Así sucedieron las cosas:
ORTEGA, TORERÍA Y MALA ESPADA
Toro primero con mucho peso pero poca seriedad. Algo que no es raro en la cabaña de bravo. Una sardina, se suele decir despectivamente. Pero todo pasa a segundo plano al abrirse de capote Juan Ortega. Lances elegantes, templados y mandones, saliéndose con el toro hacia los medios. Qué buen toreo. Un capote, el de Ortega, que ya cuenta para la historia.
Reservón y sin emplearse el toro en el caballo; la suerte de varas fue un simulacro; en banderillas «esperó», echando la cara arriba. Y ya en la muleta marcó querencias, poniéndose pronto a la defensiva. Dos muletazos por alto de Ortega sentado en el estribo, y aunque venido a menos el de Vegahermosa, Ortega lo supo esperar y llevar.
Faena de pura y exquisita torería, lejos de lo que esta plaza suele celebrar. Bullicio en el tendido y calma abajo en el ruedo. Hubo muletazos lentos de muy buen sello al natural (el izquierdo, el pitón bueno). Pero el conjunto resultó escaso, y la gente, demasiado fría, no parecía estar en la faena.
Una actuación de fino y marcado acento artístico, sin embargo, con el borrón de la espada. No se entiende la concesión de la oreja con el infame bajonazo. De hecho no hubo mayoría en la petición. Así son las presidencias de Pamplona.
Toro pronto de salida el cuarto, empero sin humillar lo suficiente. Ortega «le ayudó» tratando de llevarle a media altura, muy dispuesto pero sin la adecuada respuesta del astado, al que le faltó clase y entrega. Toro paradito y de poca entidad. Una buena estocada dio paso a una petición menor, sin embargo, esta vez no hubo trofeo.
Fotos: Emilio Méndez
ROCA, NI ENSAYOS DE ARRIMÓN
El segundo no dijo nada en el capote de Roca Rey. Crudo en el caballo. Y simulacro de pique en quites entre Rufo en su turno y el propio Roca, los dos por gaoneras.
Inicio de faena atendiendo al guión habitual del peruano, de rodillas con pases cambiados. Y lo fundamental exigiendo mucho al toro, que dicho sea de paso apuntó siempre a menos por sus medidas fuerzas. Mucha nobleza y escasa «transmisión». Mucha suficiencia del hombre para tan poco oponente.
Ni siquiera buscó Roca las extremas cercanías que tanto prodiga. Pero la estocada a la primera vuelve a ser determinante para lograr la oreja, concedida con petición en el límite.
Suelto de salida el quinto, empujó poco en el caballo. Toro justo de raza, topón y de escasa condición. La faena, de mucha insistencia, en cambio esta vez tampoco pasó por el habitual arrimón que acostumbra el peruano.
Foto: Emilio Méndez
EL TRIUNFO DE RUFO CON UN BUEN LOTE
El primero de Rufo, tercero de la tarde, de poco empuje en varas, apenas tomó dos puyacitos. No obstante, toro a más y con notable clase. Toro más bravo para la muleta que en el caballo.
Un cambiado por detrás para ponerse a continuación de rodillas. Toro con movilidad y entrega, sin embargo, de escaso empuje y fiereza. La emoción estuvo más en la desenvoltura del torero que en la profundidad del propio animal.
Pero hubo muchos pases, con ritmo y notable ligazón, cadencia y muy buen gusto. Disfrutó Rufo y disfrutó el tendido. Esta vez, y teniendo en cuenta que la firma con la espada fue impecable, dos orejas.
Muy quieto Rufo en la apertura de faena al sexto. Toreo relajado y con empaque, muy encajado y con mucho temple, Rufo se dio otra vez a lo clásico y a placer, disfrutando.
Toreo de calidad que tuvo continuidad en un final muy a modo de rodillas, despacio y abandonado. Notable garbo y maestría también en los ayudados por alto de cierre. Y la estocada a la primera, el toro patas arriba. Otras dos orejas. Cuatro en total, como hace tiempo no se daba en Pamplona.
Fotos: Emilio Méndez
Y AL FÚTBOL
Se acabó el festejo con la salida a hombros de Rufo por la llamada Puerta del Encierro, que en esta plaza es «la Grande», con las peñas cantando el clásico «pobre de mí» como despedida hasta el próximo año, mientras empezaban a sonar los primeros «aúpa, España» que darían ánimo a la selección de fútbol que a esa hora empezaba a vérselas con la de la vecina Francia.
Toros y fútbol, y viceversa, para arengar espíritus patrios. Que, como dijo Rafael «El Gallo», hay gente p’ató. Y más, mucho más tratándose de la gran España.
Tres toros de Jandilla (tercero, quinto y sexto) y tres de Vegahermosa (primero, segundo y cuarto), parejos y de discreta presentación; nobles y con poca vida, venidos a menos. Dos muy buenos, el lote de Rufo, tercero -premiado con la vuelta al ruedo- y sexto, aunque ambos pasaron por el caballo, sobre todo el tercero, de puro trámite. En realidad toda la corrida no dijo gran cosa en el tercio de varas.
Juan Ortega: bajonazo (aviso y oreja tras escasa petición); y buena estocada (ovación tras petición insuficiente).
Roca Rey: estocada (oreja); y pinchazo y estocada (silencio).
Tomás Rufo: estocada (dos orejas); y estocada (dos orejas).
La plaza registró el lleno de «no hay billetes» de costumbre en tarde de mucho calor.
