Sanfermines – 3ª Corrida
UNA PRESIDENCIA DE RISA, AY, QUÉ PENA, PAMPLONA
Por Juan Miguel Núñez Batlles
Corrida la de Victoriano del Río, este jueves, impropia de una plaza de primera como es Pamplona en sanfermines. Fea de hechuras, desigual y en muchos casos fuera de tipo. Y a tal despropósito hay que añadir la mansedumbre que hizo imposible cualquier atisbo de toreo atractivo.
¿Qué pasó entonces para ese abultado marcador de cuatro orejas, dos para Roca Rey y otras tantas para David de Miranda, cada uno de ellos en un toro? Sencillamente que en Pamplona cuenta mucho, prácticamente es lo único que se valora, la muerte rápida del animal. Y si encima «el palco» está ocupado por una persona que no tiene ni idea de lo que es el toreo y tampoco le importa mucho el prestigio de la Plaza en atención a las normas que han de tenerse en cuenta para la concesión de trofeos, pues apaga y vámonos, que diría el castizo.
¿SE DEJAN «QUERER» ALGUNOS ASESORES?
Una pena que en la presidencia haya también un asesor a quien parece que le importa un rábano todo esto.
Son aquí los presidentes (la de hoy, jueves, presidenta) concejales que pertenecen a los diferentes partidos políticos con representación municipal. Puro figureo, aunque es tradición que como tal se respeta. Y con ellos ejercen de asesores reconocidos aficionados, a quienes se les supone conocimientos y mesura para dar los consejos que han de determinar las decisiones que tomará el usía. Buenos aficionados, hay que insistir, generalmente pertenecientes a una entidad con mucho predicamento en el tema como es el Club Taurino de Pamplona. Pero no se entiende la falta de criterio de estos «aficionados», sobre todo en las tardes de las figuras.
Cuentan que antaño, igual que hubo periodistas «sobrecogedores» (Dios quiera que sea una endemia desterrada que no haya dejado rastro), también a los mulilleros de muchas plazas se les suele «untar» para que retrasen el arrastre del toro cuando presiona el tendido en la petición de trofeos; y hasta hay quien piensa que igualmente a algunos asesores se les «compra» para que influyan en el ánimo del usía. Pamplona es señorío constatado, y no habría lugar a dudas de este tipo. Pero las apariencias importan mucho en casos como éste. Así que aplíquense el cuento o sentencia de aquel brillante general romano: la mujer del César no solo tiene que ser honrada, sino también parecerlo. Y es que las personas con influencia deben evitar hacer cosas sospechosas.
Esta es la cronología de la corrida. Saque el lector sus conclusiones acerca de lo que fue la tarde.
TALAVANTE, TOREO DE POCO FUSTE
El toro que abrió plaza no terminó de definirse en el primer tercio, abanto, suelto, sin atender a los capotes que le salían al paso. Cumplió en varas, encelado en el peto en el segundo puyazo. Inició Talavante la faena por alto con unos estatuarios de poco fuste por la falta de fuelle en el animal. En ese aire transcurrió el toreo a derechas. Dos tandas por ahí de escasa vibración. Y al natural más de lo mismo, fácil y sin poso. Se movió el animal, pero con extrema sosería. Tras una estocada a la primera se atascó con el descabello. Sonó un aviso y hubo silencio final, que en esta plaza es como decir ruido ensordecedor por tanta algarabía de las peñas.
La definición del cuarto era la media altura, y como no empujaba lo suficiente y el personal estaba en la merienda, Talavante le hizo un trasteo superficial que por supuesto no tuvo ningún eco. Ni con el desplante de hinojos en las postrimerías consiguió interesar.
ROCA, SIEMPRE ENTRE LOS PITONES
Toro segundo, que pesó 585 kilos, sin embargo, anovillado, sin trapío. Este no es «el toro de Pamplona». Pero la gente calla, lo acepta, no repara en detalles así. Ay, Pamplona.
Lúcido recibo de capote por parte de Roca Rey con ajustados lances. Nada destacable en el caballo ni en banderillas. Una estudiada puesta en escena comienza con los consabidos cambiados de rodillas, a los que siguieron derechazos, dos tandas, y naturales con el toro pidiendo la hora, de agotadas embestidas. El animal no podía tirar de su sombra, y el peruano, siguiendo su acostumbrado guión, trató de meterse entre los pitones. Sorprendió que después de agarrar una estocada a la primera, con derrame, aparecieran pañuelos en demanda de una oreja. Y no quedó ahí la cosa, ya que la señora presidenta, la concejal de turno, sacó también el suyo ¡y otro más! Dos orejas. Lo nunca visto; o sí, Pamplona es así. Pero nada lo justifica, sino que todo es por la espada.
Otra vez de rodillas en el blando y apagado quinto, Roca entendió que era el único camino de poder conectar con el tendido. Aunque esta vez ni por esas. Trasteo sin hilván ni argumento a pesar también de buscar el aplauso fácil con un proyecto de arrimón. Con la espada de nuevo acertó a la primera, aunque todavía necesitó de un golpe de verduguillo. Roca anda muy seguro con la espada, es evidente.
DE MIRANDA Y EL AMBIENTE «POR HUELVA»
Lances de trámite de David de Miranda al tercero, que peleó con fijeza la primera vez en el peto y más remolón en el siguiente, llevándose una buena zurra entre uno y otro. Atropellado quite por saltilleras del onubense, que brindó al público antes de comenzar por estatuarios. El toro, sangrando mucho, acabó refugiándose en tablas. Imposible intentar hacer el toreo. Y a punto de dar un mitin con la espada.
Parecido panorama en el sexto, toro que tampoco terminaba de entregarse; en cambio, esa falta de empuje le permitió a De Miranda ensayar un proyecto de parón, muy metido entre los pitones. Fue a la postre lo que prestó carácter a la situación. Eso y unas palmas por bulerías, pura Huelva, de los paisanos que contagiaron el ambiente. La estocada y, ya se sabe, el pañuelo fácil, generoso y sin criterio de la señora presidenta. ¿A quién hay que pedirle cuentas por estos desmanes?
Paren ya, paren.
Foto: Emilio Méndez
FICHA DE LA CORRIDA.-
Toros de Victoriano del Río, desiguales y algunos escasos de presencia; de poco empuje y a menos. Conjunto de poco juego.
Alejandro Talavante: estocada trasera y siete descabellos (silencio tras aviso); y pinchazo y estocada (ovación tras aviso).
Roca Rey: estocada con derrame (dos orejas); y estocada y descabello (silencio tras aviso).
David de Miranda: cuatro pinchazos y estocada (silencio); y estocada (dos orejas).
La plaza registró lleno de «no hay billetes» en tarde de calor, mucho calor, lo que hizo aún más insufrible el desdichado festejo.
