Sanfermines – 2ª Corrida

QUÉ GRAN CORRIDA DE CEBADA GAGO

Por Juan Miguel Núñez Batlles

Seriedad, buenas hechuras y mucha clase, son los tres pilares que tuvo la corrida que lidió Cebada Gago este miércoles en Pamplona. Seis de seis conformaron un conjunto de bravura ideal.

Qué lámina más bonita de todos los toros sin excepción, y qué manera de embestir de principio a fin haciendo lucir sin reservas los componentes fundamentales que ordenan el concepto de bravura, y que son: fijeza, humillación, empuje, recorrido y repetición. Todo eso aderezado con el temple y la nobleza para resumir el comportamiento del toro en otro término, la «transmisión», que en el lenguaje común tiene muchas acepciones y que en la jerga taurina se usa para glorificar al bravo.

Así hay que proclamar con total seguridad y libertad (que en el periodismo taurino este es un concepto a veces condicionado por inconfesables favores del «sistema», que premia o condena según particulares intereses), que el toro de Cebada de este 8 de julio de 2026 es el bravo ideal.

Además y por si faltaba, el mérito de «las puntas». Los «cebadagagos» se lidian tal y como los parió la vaca, unos más astifinos que otros según condicionantes genéticos; y éste es un aviso para otros juntaletras metidos a periodistas en tareas de servilismo al «sistema» ya citado y que conforman los del trust o monopolio (o figurones sería más apropiado decir) y sus correspondientes apoderados-empresarios, naturalmente con la aquiescencia de otros infelices ganaderos que por necesidad o simple presunción «se prestan a todo». Y punto.

Toca seguir hablando de la corrida de Pamplona. Por cierto, la enhorabuena a los ganaderos de Cebada hay que hacerla extensiva a La Meca o Casa de Misericordia que organiza el ciclo taurino sanferminero en la capital de Navarra, y que hace más de cuarenta años, quizás con un par de interrupciones, cuenta con esta divisa como clave y garantía de la pureza e integridad. Por algo en su día fue bautizado el serial como «La Feria del Toro».

Por eso también hay que valorar igualmente a los toreros que se ponen delante. Sobre todo a los que son capaces de estar «ahí» a pleno rendimiento de valor, técnica y hasta aptitud y talento artísticos. Son el caso de David Galván y Manuel Diosleguarde, que cortaron una oreja cada uno, trofeos que todavía pudieron ser más si no es por otras circunstancias que ahora se explicarán. A ellos dos el reconocimiento por haber manejado los códigos perfectos de la lidia. Así lucieron los toros, triunfaron los toreros y quedó más que justificada la diversión del público. Espectáculo íntegro.

GALVÁN, CLASICISMO Y OTROS RECURSOS

Una larga de rodillas en el tercio, y lances a pies juntos y chicuelinas fue el saludo de David Galván al primer toro, que empujó en dos puyazos con mucha fijeza debajo del peto. Hubo un buen quite de Román en su turno a la verónica.

Apertura de faena con dos pases cambiados, y a partir de ahí el temple del toro lo presidió todo. El público algo frío con el torero, que tampoco terminó de «despeinarse» en la pelea que le estaba pidiendo el astado. Sonó un aviso por tanto como se demoró Galván en tomar el descabello que finalmente tampoco utilizó. Una vuelta al ruedo que debió ser una oreja de haber estado el hombre más espabilado.

El ensabanado cuarto, corto de manos y desafiante por sus impresionantes pitones, fue otro animal bravo en el caballo; y aunque «esperó» en banderillas, terminó entregándose en la muleta. Galván lo toreó con profundidad y relajo, echando mano al final del efectismo, pues hay que tener en cuenta que al ser «el toro de la merienda» está el personal ocupado las dos manos con el bocadillo y la bebida. Una gran estocada. Y una oreja. Bien Galván.

Foto: Emilio Méndez

LA MALA SUERTE DE ALGUNOS TOROS

El primer toro de Román, con mucho cuello, se frenó de salida y fue muy duramente castigado en varas con tres infames puyazos, el último con el tercio ya cambiado y en el caballo que guardaba la puerta. Aun así, el de Cebada humilló en la muleta, y desplazándose con tanto ímpetu como bondad. La clase del bravo.

Ya el quinto, algo más descompuesto que los otros, sacó genio, y así y todo «se dejó» mucho. Román no lo entendió, dándose más a la heterodoxia para contentar a las peñas del sol que a lo fundamental.

La mala suerte esta vez fue de los toros. Porque se suele justificar a los toreros por la desdicha de no haber tenido toros propicios. Y aquí es al revés.

DIOSLEGUARDE, EXTRAORDINARIO

Impresionante el tercero por su bien hecha morfología y seriedad, empero gateó de salida seguramente por una lesión en las rodillas, que traía peladas. Una larga en el tercio y verónicas saliéndose al centro del ruedo fue la tarjeta de presentación de Diosleguarde. El toro, más cuidado en varas para tratar de aliviar la ligera descoordinación que sufría, no obstante, apuntó clase. Y estuvo bien el debutante salmantino, dándole sus tiempos y espacios. Lástima el pinchazo previo a la estocada, porque de haber acertado con la espada a la primera, pudo ser de oreja.

El sexto, más feote y basto, a pesar de todo humilló en el capote. Pelea irregular en varas. Brindis a Enrique Ponce que estaba entre barreras, y faena a la altura de la dedicatoria. Apertura de rodillas corriendo la mano como si estuviera de pie. Y ya en la vertical, buena apostura de toreo fino y contundente. Una labor de mucha firmeza y seguridad en la que el toro respondió con la nobleza característica de toda la corrida.

Estocada y oreja. Feliz debut de Diosleguarde en Pamplona.

Fotos: Emilio Méndez

FICHA DEL FESTEJO.-

Toros de Cebada Gago, muy bien presentados, de muy buenas y parejas hechuras, lo que se dice «muy en tipo (de embestir)», que consecuentemente dieron excelente juego. Nobles, templadas y muy buenas intenciones de embestir.

Corrida 10 a pesar de cierta descoordinación en el tercero y el punto de genio que sacó el quinto. Los seis arrastres, ovacionados.

David Galván: estocada trasera y larga agonía del toro por no atacar con el descabello (aviso y vuelta tras una gran ovación al toro, el primero de los homenajes a la ganadería en los seis arrastres); y gran estocada (oreja).

Román: pinchazo y estocada (silencio); y dos pinchazos en la suerte de recibir y un nuevo pinchazo hondo (silencio).

Manuel Diosleguarde: pinchazo y estocada (silencio); y estocada (oreja).

La plaza registró lleno de «no hay billetes» en tarde de calor fuerte, no obstante, algo más soportable que el del día anterior.