Sanfermines – 1ª Corrida

UNA OREJA «PAMPLONERA»

Por Juan Miguel Núñez Batlles

Aarón Palacio ha cortado una oreja en Pamplona. Pero para conocer el verdadero alcance y significado de este «triunfo» habría que advertir precisamente eso: ha sido una oreja «de Pamplona». Oreja pamplonera, según el término acuñado por la sabia afición para fijar y valorar con precisión los méritos toreros que ha tenido, y sobre todo NO ha tenido, la actuación premiada en cuestión.

En pocas palabras, se trataría de un trofeo menor, si no fuera porque posiblemente ya se las ingeniarán los apoderados del joven aragonés para que le rente mucho dentro de lo que se conoce por «el sistema».

Los mismos espectadores en la plaza, iniciados o no en los conocimientos de la lidia, habrán recapacitado ya sobre su culpabilidad en la concesión del desecho o despojo, más desperdicio que nunca.

Foto: Emilio Méndez

ABURRIMIENTO Y CALOR

Y es que por muchas pegas que se pongan ahora a la faena, hay que reconocer que la petición fue por mayoría; eso sí, sin entrar en consideraciones si esa totalidad resultó «absoluta» o «abrumadora». Es evidente que había muchos pañuelos, almohadillas y abanicos, y no se diga el griterío de las peñas al sol.

Quizás porque era el último toro de una tarde deslucida en 10 por culpa de los toros e insufrible en 20 debido al calor. Al final «el palco» se sumó asimismo a la tolerancia y condescendencia de la marabunta. Así es Pamplona en sus sanfermines, y esto es lo de siempre.

RUIDO, JOLGORIO, EXCESOS… Y OREJA

Una ciudad cuya tradición en fiestas está identificada con el ruido y el jolgorio, en la calle y en la plaza; aplausos y abucheos, en la calle y en la plaza; excesos, carencias y contradicciones, en la calle y en la plaza. Todo según corran los vientos de preferencias o desventajas sin entrar la mayoría de las veces en los verdaderos valores toreros. Incluso sin apreciar o estimar el comportamiento o juego del toro para bien o para mal.

Aquí, eso sí, se lleva a rajatabla la consigna de matar rápido al animal, la mayoría de las veces sin valorar la ejecución de la suerte y colocación de la espada. Ése fue sin duda el gran estímulo para tanta jarana que desembocó en la oreja.

LA TARDE, DE AARÓN… A SU MANERA

Y en atención al apéndice de marras, valdría significar que la tarde fue de Aarón. Barullo y fuego de artificio que habrá quien confunda con arrojo y entrega, o ansia y ambición. Aarón quiso hacerlo todo, y muy rápido, obviando que la principal muestra del valor está en la quietud; y apurando, también en la lentitud y la calma. Mas ninguna de estas claves o virtudes definen su estilo, aunque tampoco se trata de hacer de menos a tanta efervescencia como hay en su carácter y personalidad.

Hubo arrebato en el saludo al tercero, con dos faroles de rodillas y lances ganando terreno. Pero con la muleta no llegó a entenderse. Toro que no colaboró, y deseos desordenados e insulsos del torero, que terminó marcándose una vuelta al ruedo sin que nadie se la pidiera.

Al sexto, larga cambiada en toriles que hubo de resolver cuerpo a tierra. Y otra vez de rodillas en el inicio de muleta. Pero todo muy atropellado, a la desesperada. El toro, una mula, unas veces se paraba, otras se venía cruzado o directamente desentendiéndose de la pelea. El estoconazo final, aculado el «fuenteymbro» en tablas, obró el milagro de la controvertida oreja.

Foto: Emilio Méndez

LUQUE Y HERNÁNDEZ, DAMNIFICADOS POR EL GANADO

Daniel Luque se las vio con un lote imposible. Topón el primero, al que le hizo de todo con buena técnica y mejor voluntad para sortear infinitos inconvenientes. Y tampoco llegaría a nada el firme trasteo al cuarto, toro que cantó su condición yéndose descaradamente a tablas.

Y Víctor Hernández, otro damnificado por la escasa condición del ganado. Su primero, segundo de la tarde, se movió sin ninguna voluntad. Le costaba mucho al toro acudir a los cites. El mérito de Hernández, más allá de su estudiada línea de imitar a José Tomás, fue aguantar y aguantar, aunque nada llegaría a solventar.

En el quinto, toro igualmente sin opciones, destacó Hernández por su insistencia; total para unos muletazos, pocos y aislados, que apenas calaron en el público.

Fotos: Emilio Méndez

FICHA DEL FESTEJO.- 

Toros de Fuente Ymbro, el quinto como sobrero al ser devuelto el segundo y correrse turno. Envío de imponente estampa, de muy buena presentación; sin embargo, de nulas opciones. Toros que pasaron por el caballo sin dar ni las buenas tardes. La falta de raza y de fuerzas fue una constante en los seis.

Daniel Luque: estocada trasera y caída (silencio); y estocada (ovación).

Víctor Hernández: media estocada desprendida (ovación al salir a saludar a requerimiento de Miguel Abellán); y estocada desprendida (silencio).

Aarón Palacio: casi entera delanterilla y desprendida, con vómito (vuelta por su cuenta tras escasa petición de oreja); y estocada (oreja).

La plaza registró lleno de «no hay billetes» en tarde de calor insufrible a la sombra. Loor a los del «sol».