Plaza de Las Ventas – Sala Antonio Bienvenida – Homenaje ganadero
EL GANADERO AGUSTÍN MONTES, HOMENAJEADO POR SUS COMPAÑEROS
Por Juan Miguel Núñez Batlles
Agustín Montes Díaz, ganadero de bravo e industrial panadero, es un personaje muy apreciado en esos dos ámbitos en los que se desenvuelve. Por su talento y seriedad, los éxitos cosechados y el sello de su trabajo, sus propios compañeros criadores de toros le han rendido un multitudinario y muy sentido homenaje en la plaza monumental madrileña de Las Ventas, en la Sala Cultural Antonio Bienvenida.
Propietario del hierro de «Montealto», cuyas reses pastan en Cabanillas de la Sierra y Navalafuente, localidades en las estribaciones de la Sierra Norte de Madrid, Agustín Montes es la más viva señal de la humildad y la brillantez, ambas de la mano y nacidas en la inteligencia y el esfuerzo diario. Agustín además, y según ha puesto de manifiesto en sus palabras de agradecimiento por este agasajo, admite errores y comparte méritos. Un hombre que vive la felicidad con su familia -sus hijas Arancha y Rosario, que le dedicaron hermosas y muy sentidas palabras de amor y gratitud-, su hijo Agustín -en emotivo silencio, sentado entre el público para darle todo el protagonismo al progenitor-, así como los tres nietos y la hermana Carmen, otra referencia de generosidad y genialidad en la saga Montes. Y entre frases y expresiones de elogios y admiración, una mirada cielo para recordar a la mujer amada que tanto hizo por él; la persona que entendió mejor que nadie sus aspiraciones.
Agustín habló sin complejos de trabajos duros en muy diversas circunstancias, como cuando soñó con ser torero y por fin pudo vestir el traje de luces; sin embargo, para no pasar de cinco novilladas sin picadores. Cualquier revés en la vida te puede encaminar por senderos más felices y hasta triunfales. Y para ello «nunca hay que abandonar», sentenció.
Capitulo igualmente de agradecimiento a los compañeros que organizaron esta función, muchos de los que estuvieron a su lado echándole una mano en sus más modestos principios; y cómo no, a Luis Algarra y Paco Medina, ya fallecidos, en cuyas vacas y sementales está el origen de Montealto.
Un acto sincero y lleno de nostalgia, en el que se han proyectado la personalidad y las metas de un ganadero ejemplar y hombre de bien.
Fotos: Manuel Durán
