Las Ventas – Festejo 47 de la Temporada

EL GARBO DE CHRISTIAN PAREJO Y UNOS GRANDES Y NOTABLES «PEDRAZAS»

Por Juan Miguel Núñez Batlles

Un torero camino de figura, Christian Parejo, ha llegado prácticamente por sorpresa al actual panorama taurino.

Cuando menos se espera de las corridas de la canícula en Las Ventas, generalmente con ganado más que exigente para diestros poco experimentados, resulta que llega uno de estos, y de pronto apunta ya a puestos muy altos.

Admirable y asombroso este Parejo por la trilogía que abarca su personalidad, de valor, estilo y capacidad. Todo lo que hace en la cara del toro es pura torería. Y lo inaudito es que los sabios del sistema no lo hayan descubierto antes. Ha tenido que ser en Madrid, este jueves por la noche, y cuando menos se esperaba, su gran revelación.

Parejo cortó una oreja, pero eso es lo de menos; porque pudo haberse llevado tres si no es por el contratiempo de los aceros. Menudo zambombazo hubiera pegado. Pero ya hay que seguirle la pista.

LOS «PEDRAZAS», OTRO PUNTO BUENO

La corrida hay que verla y contarla en función de los toros; lo que dieron de sí y la capacidad de cada torero para desenvolverse con ellos.

Y si se mira al balance final, con ovaciones y oreja al margen, hay que hacer notar que hubo «materia» para el triunfo.

Dos de los espadas no fueron capaces, sencillamente estuvieron insuficientes. Y «se montó» en todo lo habido y por haber el más joven de la terna, Parejo, muy comprometido y con mucho más que desparpajo.

Hay que mirar más abajo la ficha del festejo; lo que los toros dieron, o pudieron dar de sí, y así se entenderán mejor las valoraciones.

ESPADA Y GALDÓS, A ESPERAR NUEVAS OPORTUNIDADES

Espada se quedó a medias en el que abrió plaza. Correcto en el planteamiento de faena, pero sin terminar de «meterse» con el toro, lo que se dice superficial.

Y menos todavía en el cuarto, aquí porque el toro, sin fuerzas, no podía con su alma. Entre muchas protestas del tendido y con el lisiado animal en contra, Espada salió del paso sin más apuro también que su mala espada.

El peruano Galdós, también a medias en el segundo; aunque dejó entrever un buen concepto, sin embargo, le faltó pisar más a fondo el acelerador, y haberlo hecho a principio de faena antes de que el contrincante perdiera fuelle.

Al quinto le zurraron bien en varas, sin duda más de la cuenta, circunstancia que hizo que llegara frenado a la muleta. No terminaba de pasar el astado, y tampoco hizo Galdós por tantear la situación con más temple y tenacidad para afianzar al «pedraza».

Fotos: Guillermo Abanades Marín

Y PAREJO, QUÉ ALEGRÍA DE TORERO

Parejo tuvo un primer toro más paradote y con menos brío que los demás; también un tanto desentendido al final de los pases, la mayoría de uno en uno. Empero lució Parejo un estilo frontal y vertical, limpio y muy templado, de garbo y mucha suficiencia. Toreo con «gracia» que interesó mucho a la parroquia. Una lástima que el descabello se llevara más que un posible trofeo.

Y vuelta a la carga en el sexto, con el que querer fue poder. Más allá de lo pinturero, Parejo hizo un toreo hondo y de aroma. Valiente por la manera de conducir al toro enroscado a la cintura. Con fondo de roncos «olés». Increíble recital de torería. Aunque otra vez el hándicap de la espada. Se cruzó un pinchazo feo antes de la estocada definitiva. Y a pesar de los reiterados fallos del puntillero, hubo oreja. Era de dos.

En realidad, queda dicho más arriba, la tarde de Parejo mereció ser de tres orejas y la correspondiente Puerta Grande. Pero visto lo visto, todo es cuestión de esperar.

Fotos: Guillermo Abanades Marín


FICHA DEL FESTEJO.-
Toros de Pedraza de Yeltes, cuatro de ellos grandes, muy grandes, enormes de volumen; con un promedio por encima de los seiscientos kilos. Incluso hubo uno, el quinto, que dio 720 en la báscula. Corrida bien armada, lo que se dice «muy seria por delante», que se movió lo justo, sin molestar. Fue noble, o para ser exactos, «noblona», término éste que desdice un poco de la nobleza, un tanto empalagosa. Lo bueno es que, aun de viajes cortos, los toros iban y venían sin dificultades ni peligro aparente. Fue corrida también dispareja en cuanto a presencia, notándose mucho la diferencia entre ese quinto y el segundo, de 541 kilos, una exagerada desigualdad de 179 kilos entre ambos. Notable característica fue que los seis cumplieron en varas, empujando lo justo pero con fijeza y estilo.

Francisco José Espada: pinchazo, otro hondo y descabello (silencio); y dos pinchazos y tres descabellos (silencio tras aviso).

El peruano Joaquín Galdós: estocada (ovación tras aviso); y tres pinchazos y estocada (silencio).

Christian Parejo: estocada y cinco descabellos (gran ovación tras un aviso); y pinchazo y estocada (una oreja con petición de la segunda).

En cuadrillas, Iván García fue muy ovacionado y saludó, aunque sin desmonterarse tras banderillear al primero.

La plaza registró un cuarto de entrada en noche fresquita.