San Sebastián de los Reyes – 3ª de Feria

CINCO OREJAS EN UNA BIRRIA DE CORRIDA

Por Juan Miguel Núñez Batlles

Cinco orejas en la tarde. Tres para Castella y dos para Manzanares.
¿Y qué? se estará preguntando quien no la haya visto en vivo y directo. La respuesta la daría el espectador que haya estado en la plaza, ya en frío: «ná», dicho en lenguaje puro, tradicional y auténtico.

Queda sentenciada así la corrida, que naturalmente no va a pasar a la historia por ningún triunfo determinado. No hay motivos para ensalzar nada.

Y el hecho de contar estas cosas con tanta crudeza lo justifica la anómala y extraña situación que se está viviendo en «la Fiesta». Toreros, los de siempre, veinte, veinticinco, treinta y los años que quieran de alternativa. Son las figuras protegidas por el paraguas del monopolio, que ahora llaman «el sistema», el trust que domina y controla plazas, ganaderías y toreros, cuando no también algún medio de (in)comunicación donde todo es un permanente «viva Cartagena». Y no hace falta decir más, porque al buen entendedor, en este caso buen aficionado, pocas palabras bastan.

A tanto despropósito y sinrazón se suman más agravantes, uno especialmente grave referido a los pitones: cornicortos y sospechosamente romos. ¿Hasta dónde están dispuestos a llegar con «el afeitado»?

Fotos: Guillermo Abanades Marín

Y para finalizar esta denuncia o acusación a gran parte del colectivo, advertirles que este año, como otros, pero especialmente éste, están pidiendo paso unos cuantos toreros jóvenes que pueden y deben tomar el relevo.

Y ahora, el relato de la corrida de este domingo en San Sebastián de los Reyes, donde Morante fue el gran reclamo para prácticamente llenar la plaza.

Es verdad que la llenó, pero, ojo, que el público no se deja engañar dos veces.

Que ahora ya no tienen peso los cronistas, ni de la radio, ni de la prensa escrita ni de Internet, y nos incluimos nosotros. Ahora difunden mucho los verdaderos, entendidos y exigentes aficionados que están sobre todo en las redes sociales.

MORANTE, NI PROYECTO DE FAENA

En el primero, lanceó Morante con suavidad en el saludo, con el toro cayéndose antes de entrar al caballo. No se diga después del puyacito. Un animal esmirriado y sin fuerzas. En la muleta, mimo más que temple. Labor de enfermero; eso sí, muy compuesta la figura. Estética sin ninguna emoción. El toro, moribundo desde que salió de chiqueros; de modo que con un pinchazo hondo quedó listo para el tiro de mulillas. Aunque es cierto que se resistió a doblar, mientras Morante no se decidía a atacar con el descabello.

El cuarto, muy deslucido por inválido y desrazado, perdiendo las manos a la salida de lances y muletazos, no le permitió a Morante ni proyecto de faena.

Muchos pitos al toro de Álvaro Núñez en el arrastre y sorprendente ovación al torero, que incluso salió al tercio a saludar. ¿A qué vienen esas palmas, si en definitiva es Morante el responsable del «tinglado»? A ver si tanto miramiento con el torero tan venerado por sus cronistas de cámara con apelativos de «el genio» o «el maestro» y epítetos parecidos, se traduce en el futuro con más respeto a la parroquia.

Y aviso a los adelantados, que a mí también me gusta como torea el de la Puebla, lo quieto que se queda y lo despacio que lo hace; sus arrebujadas formas e improvisaciones, la naturalidad que hay en sus muñecas y la gracia en suma de su figura y su alma torera. Morante puede estar en «esto» el tiempo que quiera, y yo seguiré siendo partidario suyo, siempre ilusionado por lo que puede regalar su misteriosa inspiración.

Pero «ni mijita» -como dicen por mi tierra que es también la suya, la espléndida Andalucia- le consiento el camelo, ese engaño y burla que también prodiga mucho como ha sido este caso en San Sebastián de los Reyes, a las puertas de Madrid. Vamos, a quien se le diga.

Fotos: Guillermo Abanades Marín

CASTELLA, OREJA BARATA Y DOS MÁS DE VERDAD

Al segundo, con menos fuerza que el primero, lo lanceó Castella sin estirarse del todo. No valían excesos con el animal, que iba perdiendo las manos. Luego hubo emoción y hasta clamor en los primeros y ajustados pases cambiados en la apertura con la muleta. Sin embargo, la flojedad del «juampedro», claudicante en varias fases del trasteo, restaría ritmo y autenticidad al mismo. Dos pinchazos y estocada, no obstante, nada fue óbice para que el público, sumamente condescendiente, pidiera la oreja que finalmente paseó. Oreja barata, no hace falta precisar.

Castella aguantó mucho en los cites por detrás al inicio de faena al quinto. Muy ajustado ahí. Y soportó el toro un trasteo largo, aunque con desigualdades dado que faltó limpieza en ocasiones. Claro que la gran estocada final despejó todas las dudas para la concesión del doble trofeo.

Fotos: Guillermo Abanades Marín

MANZANARES Y UN BUEN TORO, LA EXCEPCIÓN

Con más volumen y aparente más fortaleza, el tercero se desplazó mejor que sus hermanos en el capote, aunque tampoco Manzanares se empleó ahí en profundidad. Tomó un puyazo corto y con clase. Buen toro habría que anotar. Y así fue en la muleta, con un pitón derecho extraordinario, por donde el alicantino lo pasó limpio y recreándose en la interpretación; eso sí, sin estrecheces. Maldito conservadurismo, porque Manzanares había toreado con mucho gusto y delicada estética.

No obstante, sin la necesaria profundidad, quede claro. Cobró una estocada al encuentro. Y dado el precio al que estaban los trofeos, se llevó dos orejas. Nada menos.

Al último, que tomaba los engaños con pocas ganas de embestir, le hizo pasar Manzanares a base de tesón, no obstante, sin ir mas allá de los medios pases atendiendo a la condición del astado.

Fotos: Guillermo Abanades Marín

FICHA DEL FESTEJO.-
Cuatro toros de Juan Pedro Domecq y dos, cuarto y sexto, de Álvaro Núñez. Corrida de escasa y desigual presencia. La mayoría en el límite de las fuerzas, empero, un conjunto muy fácil de torear. El tercero fue un buen toro por movilidad, empuje y clase. En contraste, el esmirriado primero resultó una birria, y en consecuencia pitado en el arrastre. Tampoco el cuarto dio la talla, otra porquería de toro, igualmente abroncado. Los sospechosos pitones de los seis, lamentable deficiencia.

Morante de la Puebla: pinchazo hondo (silencio); y estocada caída (ovación).

Sebastián Castella: dos pinchazos y estocada (oreja); y estocada sin puntilla (dos orejas).

José María Manzanares: estocada al encuentro (dos orejas); y media estocada (silencio).

Sonó el Himno Nacional cuando las cuadrillas aún no habían roto filas tras el paseíllo.

La plaza se llenó, pero las taquillas seguían abiertas al comienzo del festejo; y la reventa vendiendo «a su precio». O sea que el tirón de Morante es solo hasta cierto punto.