Las Ventas – Festejo número 60 y último de la Temporada (8° de la Feria de Otoño)

LA ESTÉTICA Y EL TALENTO DEL CONFIRMANTE AARÓN PALACIO, POR ENCIMA DE OTROS PÉSIMOS ARGUMENTOS DE LA TARDE

Por Juan Miguel Núñez Batlles

Fue un bodrio de corrida.

A nadie se le escapa esta descalificación, por mucho que algunos escribidores vengan a contar otra cosa, y lo digo con el mayor desprecio señalando a quienes se empeñan en ver y comentar «la Fiesta» a través de gafas con cristales rosados.

Aunque lo justo sería hacer un epígrafe con otro tono diferente para tratar y ensalzar, dentro de este mismo relato, la magnifica actuación del confirmante Aarón Palacio, al que hay que elogiar por la pasión que ha despertado su estilo en el ruedo, de una considerable estética, puro clasicismo, suma de talento torero y ambición. Tanto que, si le respetan los toros, y desde luego aprende a manejar la espada con mayor fortuna que esta vez, hay en él un torero de mucha, pero que de mucha categoría.

AARÓN VA PARA FIGURA

Tanto fue lo de este Palacio, o de Aarón -quizás se le debería nombrar por su nombre propio, que por ser tan extraño e inusual será más fácil hacerlo pegadizo, y más si alcanza las metas que se le adivinan-, que una vez finalizada la corrida, hay que poner a un lado todos los pormenores de la misma para concentrar en su persona, A-a-rón, los elogios por las actitudes (con c)y aptitudes (con p) que le adornan. De figura del toreo, y espero no equivocarme.

Qué desenvuelto este Aarón. En nada se le apreció nerviosismo por la responsabilidad de estar en Madrid. Cualidad que también esconde las ventajas de una recia personalidad para proyectar las virtudes de la destreza y el desparpajo. Hizo todo con respeto y responsabilidad, con mando y firmeza.

Aarón, en todo lo que se le vió, fue el clasicismo, la variedad y el buen gusto.

Unos lances a la verónica mecidos y de compás abierto, y la correspondiente media para abrocharlos. Qué seguro y artista ya de entrada en el toro de la confirmación. Y unos doblones en la apertura de faena de mucha importancia. Arte y gracia en lo fundamental. Muletazos limpios, perfectamente hilvanados, de mucho temple y ajuste. Soberbia declaración de su estilo torero, poniendo un toque preciso y precioso en todos los cierres, por trincheras, del desdén o con molinete sobre la marcha.

LA IMPROVISACIÓN, ESE GRAN SECRETO

Una constante a lo largo de la faena, la improvisación, gran secreto para triunfar, y que esta vez incluyó una apoteósis final de rodillas. Qué torero más artista, más valiente también vale decir, y qué inteligente.

Faena como pocas para premiarla con las dos orejas. No habría duda.

Pero faltaba la llamada suerte suprema. Y de la espada, mejor no hablar.

A «esto» prácticamente se redujo la tarde. Porque ya con el sexto ni mucho menos fue igual.

Tres faroles de rodillas en el recibo de capote. Y faena de largometraje; de buenos muletazos, pero sueltos. Aquí faltó unidad.

Y lo que son las cosas: esta vez mató a la primera. Paradojas de la vida.

 

Foto: Alfredo Arévalo

 

LA SUPERFICIALIDAD DE MORANTE

Y toca hablar de Morante, teóricamente el responsable de que la tarde no levantara vuelo más allá de las excelentes capacidades que mostró Aarón.

Porque trajo Morante una corrida de dos ganaderías, dos, de las consideradas «comerciales». Toros a modo, que suelen ser impropios para Madrid; y no es de recibo.

A priori él iba a ser el principal protagonista de esta función. Y ello le hizo sentirse seguro de que le pasarían por alto sus caprichos y desmanes. Mas en la vida, y en el toreo, todo tiene un límite.

Aquel 12 de octubre de hace un año, también en Madrid, cuando dijo que se iba, retractándose cuatro meses después para empezar de nuevo, a gran parte de la afición le sentó muy mal.

Son muchos sus partidarios, porque, en verdad, cuando «se pone», torea como los mismísimos ángeles. Sus genialidades son únicas, su maestría también, incluso su valor -para torear como lo hace él hay que ser más que valiente- y la clara disposición para ir a todas las plazas y torear con todos los compañeros sin excluir a nadie, además de dejarse televisar sin remilgos, le hacen un torero excepcional.

Pero tiene unas rarezas que muchos no le perdonan.

Tantos detractores como seguidores.

En esta ocasión le han pasado factura, y lo ha pagado caro.

Pudo haber sido una tarde más, de claroscuros, pero el balance final arroja más sombras que luces.

Apuntes con el capote en su primero sin llegar a nada. El toro, como toda la corrida, protestado en el caballo. No acompañó en la muleta, y en el primer conato de abreviar sonaron pitos.

El cuarto saltó al ruedo entre palmas de tango y gritos de ¡toooorosss! Denuncia que no cesó. Y abrió Morante por alto, astucia para apuntalar las pocas fuerzas del astado. Ya en vista de que por abajo
se defendía, se dió el hombre a «las alegrías» por trincheras y algún molinete invertido, mezclado todo con ocasionales muletazos de izquierdas. Dos, tres, no más de cuatro naturales, que seguramente serán agrandados en número y esencia por sus periodistas «de cámara». Le ensalzarán como si se tratara de la aparición de la Santísima Trinidad. Y nada de eso.

Porque fue todo muy superficial, como mucho medios pases en los que también faltó limpieza. El toro era la tonta del bote, y no cabían más engaños. Es verdad que Morante quería, pero no había nada que hacer. ¿Lección aprendida para la próxima? Veremos a ver si habrá otra.

Fotos: Alfredo Arévalo

 

HÉCTOR GUTIÉRREZ,

Protestada igualmente la salida del tercero por falta de trapío. Faena de muleta compuestita. Estética sin emoción por falta de toro. El mexicano Gutiérrez hizo de todo pero sin profundizar.

También el quinto fue abucheado por mil ausencias. En realidad era una mula. Y el caso es que dibujó Gutiérrez muletazos sueltos de buen trazo, pero sin armar faena ni llegar a nada.

Fotos: Alfredo Arévalo

 

FICHA DEL FESTEJO.-
Tres toros -primero, segundo y quinto- de Garcigrande y tres -tercero, cuarto y sexto- de Núñez del Cuvillo,

Gran ovación al primero, extraordinariamente noble. Y en esa línea, aunque un punto menos, el tercero. Pitos al resto.

Una corrida justa de presencia y tan fácil que resultó de lo más aburrida.

Morante de la Puebla: estocada (silencio); y metisaca y estocada (ligera división de opiniones).

El mexicano Héctor Gutiérrez: estocada delanterilla (ovación tras petición insuficiente); y estocada caída (silencio).

Aarón Palacio, que confirmaba alternativa: tres pinchazos y estocada (gran ovación); y estocada (silencio).

En cuadrillas, Juan Sierra se desmonteró tras banderillear al sexto.

Fue una función ofrecida por el pueblo de Madrid como gesto de apoyo a Ceuta. La plaza, engalanadas las balconadas con banderas de la ciudad autónoma. De las dos rayas de picadores, una llevaba el color negro que hay en el giro con el blanco de la enseña de «los caballas».

Y tras el paseíllo sonaron los himnos ceutí y nacional. Momentos de mucha emoción, defensa y respeto patrio por la unidad de España.

La Plaza registró lleno de «no hay billetes» en tarde agradable.