San Isidro – 21ª de Feria

LA EXTRAVAGANCIA DE FERRERA, A HOMBROS

Por Juan Miguel Núñez Batlles

Corrida que resultó de cara para un extravagante Antonio Ferrera, que salió a hombros, y de cruz para Paco Ureña, que resultó herido grave.

Así podría resumirse el festejo de este domingo en Las Ventas de Madrid, vigesimoprimero de la Feria de San Isidro.

Pero la función tuvo unos matices muy significados precisamente en lo que fue la actuación de Ferrera, alejado de los dogmas del toreo tradicional.

Un ejercicio permanente y personalísimo de heterodoxia, que por momentos dividió las opiniones del tendido, y que a la postre le llevó a la Puerta Grande.

Mientras, y en circunstancias completamente diferentes, un héroe en la tarde, Paco Ureña, abandonaba la plaza en ambulancia.

Foto: Alfredo Arévalo – Plaza 1

Triunfo controvertido el de Ferrera por la rara aleación en la forma de plantear la lidia en dos de los tres toros que despachó; el último por el percance de Ureña.

Ferrera hizo, o quiso hacer, de todo. Y desde luego con acierto en muchos pasajes de las suertes que llevó a cabo. En lo tradicional y fundamental, fetén. Pero cuando echó mano del ingenio para escenificar otras habilidades que ni le correspondían ni las dominaba adecuadamente, ahí las pifió.

Aunque el público, gran parte del tendido, acabaría valorándoselo tanto hasta sacarlo a hombros. Que hay «gente p’ató», según la categórica frase de Rafael el Gallo.

Ferrera, que tuvo un primer toro con muy poco de todo, sin empuje, terminaría con éste a la defensiva, ya que la respuesta del «adolfo» a los cites era venirse cruzado y atropellándole.

El cuarto, gran toro por los dos pitones. Se empleó Ferrera a fondo, cada vez más metido e implicado con la calidad del astado. En el último tramo de la faena surgió el toreo pausado, de profundo y exquisito trazo.

Muy bien ahí Ferrera. Exhibición de dominio y temple en las cercanías, de gusto y hasta regusto.

Pero al fin fue cuando le vino la rara «inspiración» de querer innovar con una suerte que en su día practicó con mucho éxito Luis Francisco Esplá, cuando los toros le fueron propicios porque se venían pronto y de lejos.

Pero en esta ocasión, todo lo contrario. Muy ceremonioso el modo de buscar la igualada; tan formalista como absurdo. Ahora aquí, ahora allá, unos metros más adelante, otros para atrás, cambio de terrenos… en tanto el personal estaba mosca, con la duda de cómo terminaría aquello.

El resultado fue que pinchó; y si le pidieron y acabaron dándole la oreja fue por lo llamativo de la puesta en escena, no obstante el preciso y precioso toreo fundamental que había presidido la faena en sí, que fue lo realmente meritorio y no tantas pamplinas.

Fotos: Alfredo Arévalo – Plaza 1

POR LA CONFUSIÓN AL TRIUNFO

Pero si sugerente había resultado aquello, faltaba todavía «lo» del sexto, que estoqueó por Ureña.

Esta vez, el espectáculo pretendidamente total y al tiempo de absoluta confusión.

Ferrera, que no se había aclarado con el capote en el recibo, mandó bajar del caballo al picador. Con la ayuda del mismo picador para alcanzar el estribo, un salto y arriba.

Y sin mona ni gregoriana, que son las protecciones metálicas que utiliza el picador como protección en una y otra pierna, alzó Ferrera el brazo que sujetaba la vara.

Tres intentos de largo para dos puyazos, en realidad uno solo puesto que en el segundo encuentro no llegaría a meterle las cuerdas. Y abajo otra vez para hacer el quite, por chicuelinas y serpentina.

Pide Ferrera el cambio de tercio, pero el presidente considera que el toro no está convenientemente picado, y vuelta a intervenir el picador.

Locura y polémica desatadas. Y nervios «marca Ferrera», que brinda en la puerta de la enfermería al compañero herido. Otro gesto para alimentar la emoción.

Y ya faena sin la pureza que la anterior pero con tanta o más vehemencia. Pases de todas las marcas, que dirían los revisteros antiguos, muchos de ellos mirando al tendido. Puro ardor y frenesí.

La suerte suprema, no tan suma o extraordinaria porque el toro devuelve la estocada; pero el certero descabello cierra el círculo de la apoteosis que, como ha sucedido a lo largo de las faenas, no ha tenido unánime aprobación.

Los espectadores ocasionales lo contarán como algo insólito y hasta histórico; los puristas, en completo desacuerdo.

Hay que tener en cuenta lo que dijo El Gallo. Sólo así se comprende este «Portazo», el cuarto de Ferrera en Madrid en su carrera.

Fotos: Alfredo Arévalo – Plaza 1

UREÑA, LA VERDAD

Y lo demás en la tarde deberían ser lisonjas y reconocimiento a la seriedad y compromiso de Paco Ureña, que empeñado en vencer las exigencias del peligroso primer toro suyo, cayó dramáticamente herido.

Y le sobraron agallas para permanecer en el ruedo hasta dar muerte al animal.

Queda constancia de su paso a la enfermería, por su propio pie, andando mientras le brotaba la sangre.

Cuentan que los médicos tuvieron que dormirle deprisa para evitar que se les escapara, pues quería volver al ruedo pensando en el toro que le quedaba.

Mentalidad de torero valiente, sin más interpretaciones que la honradez y la entrega, además del estilo depurado y clásico que atesora.

A ver si hay suerte con las previsiones para que pueda reaparecer pronto.

Fotos: Alfredo Arévalo – Plaza 1

ESCRIBANO NO TUVO SU TARDE

Escribano no tuvo su tarde, porque ni en las largas cambiadas que suele ejecutar prácticamente a todos sus toros, ni con las banderillas que también y tan bien maneja, ni mucho menos con la muleta, que no es precisamente su fuerte, en ningún momento le salieron bien las cosas.

Fotos: Alfredo Arévalo – Plaza 1

FICHA DEL FESTEJO.- Toros de Adolfo Martín, desiguales de presencia y comportamiento variado. Cuatro ejemplares -primero, cuarto, quinto y sexto- con el cuajo y la seriedad que exige la plaza de Madrid, y dos -segundo y tercero- que bajaron mucho. En cuanto a juego hubo tres y tres, mejores los de la segunda parte, sobre todo el cuarto, muy ovacionado en el arrastre.

Antonio Ferrera: tres pinchazos y estocada casi entera caída (silencio); pinchazo y estocada contraria (oreja); y en el que mató por Ureña, estocada que escupe y descabello (oreja tras aviso). Salió a hombros.

Manuel Escribano: estocada trasera desprendida y descabello (silencio tras aviso); y pinchazo, pinchazo hondo y dos descabellos (silencio tras aviso).

Paco Ureña: estocada casi entera caída y descabello en el único que mató (ovación al cruzar el ruedo por su propio pie camino de la enfermería).

Cuadrillas: Ángel Otero saludó en el cuarto por dos buenos pares de banderillas.

En la enfermería: fue operado Paco Ureña de una «cornada con orificio de entrada en el tercio superior cara interna del muslo izquierdo, con trayectoria ascendente y hacia fuera de 20 centímetros de longitud que rodea el músculo sartorio y alcanza espina ilíaca anterosuperior; y otra trayectoria hacia atrás de 10 centímetros que contusiona la arteria femoral y alcanza la cara anterior del fémur. Pronóstico grave».

Tras la intervención bajo anestesia general fue trasladado en ambulancia a la Clínica La Fraternidad, donde quedó ingresado.

La plaza registró el acostumbrado lleno de «no hay billetes» en tarde de calor.